La visita de
Draghi al cementerio ibérico
La banca
privada internacional se presentó la semana pasada -ante el mundo y sobre todo
ante España- como la gran benefactora, el mesías tan esperado que va a sacar al
País de las Maravillas de la crisis económica (por cierto, una crisis que
germinó en sus propias entrañas). Mario Draghi trajo a España un supuesto
mensaje de esperanza, un mensaje que quiso transmitir -en complicidad con la
clase política, aunque esta no lo reconociera- a puerta cerrada y de espaldas a
la opinión pública, manteniendo ese concubinato corrupto, ese romance maquiavélico
que desde antiguo mantienen ambas y que han llevado a este país al descalabro
económico.
España es nuevamente el paraíso fiscal y
corrupto para la banca internacional y el trampolín para colar a Europa toda la
basura bancaria que se ha vendido por todo el viejo continente –basura proveniente
de las mismas solapadas políticas norteamericanas-
y que ha sumido a la sociedad española y, por ende, a la europea, en una crisis
en todos los órdenes; una coyuntura jamás experimentada desde los inicios de la
globalización.
El falso
mensaje es, a pesar de su naturaleza, muy claro y contundente. La máxima
autoridad de la banca europea (Draghi es el presidente del BCE, para quienes
aún no lo sepan) felicita al gobierno español por haber apoyado el sector
bancario durante la crisis, por haberle entregado más de 80.000 millones de euros
(tan sólo en 2010) a cargo del tesoro público, por haber subido los impuestos a
toda la población para compensar ese déficit y por haber premiado a la banca y
a los banqueros con alivios tributarios.
Frente a todo ello la opinión pública
permanece impávida, como esos corderillos bobos que se embelesan con el vaivén
de una mosca.
¡Y qué peligrosa es esa mosca-dinosaurio que
revolotea sobre las sobras pútridas de este sistema económico que la banca
pretende perpetuar!
En este nuevo
ciclo la banca sale más fortalecida que nunca, los gobiernos están inclinados a
sus pies, permanecen de rodillas lamiendo las botas de las muy astutas mentes
bursátiles; y la opinión pública ha perdido absolutamente el control sobre sus
representantes. Esta clase política no deja de ser protagonista de todo tipo de
escándalos de corrupción, pero estos escándalos solo sirven para alimentar el
morbo mediático, para llenar innumerables páginas de todo tipo de publicaciones:
virtuales y en papel…
Empero, todas esas palabras se las lleva el
viento, porque en España no pasa nada. En el país de las Maravillas a Alicia la
prostituyen, la llaman puta y la abofetean en plena calle y nadie hace nada.
Cuatro gatos se manifiestan, otros cuatro queman dos contenedores y otros tres
gatos salen en las noticias a decir que dos millones de gatos han salido a las
calles a protestar contra el gobierno, cualquiera que sea su color.
Durante las manifestaciones el gobierno de
turno suele ver algún partidillo de fútbol o alguna corrida de toros o quedan
para jugar al golf con los banqueros. Eso pasa mientras el País de las
Maravillas arde.
El tiempo de las manifestaciones hasta la
Puerta de Sol o los paseíllos por la Castellana están pasados de moda, han
perdido todo su sentido, sólo causan risas en el gobierno, granjean premios a
los policías avezados que reparten porrazos en feroz carnicería a los cuatro
gatos que se manifiestan y a otros siete gatos que pasaban por allí y que,
desprevenidos acaban sangrando en las esquinas. Y no pasa nada, todo sigue
igual, menos el titular en la prensa y los vídeos en youtube pero no más. La
indignación española es ridícula, son como esos berrinches de los niños
malcriados a los que unos padres desnaturalizados no hacen ningún caso.
En este país los corruptos obtienen fama
cuales gladiadores romanos… No obstante, después de pasado el escándalo de su
corruptela siguen tan campantes, disfrutando del dinero esquilmado, siguen ostentando
cargos públicos y en algunos casos se les premia con un caché televisivo exorbitante.
Y es allí, a los platós de televisión donde van a relatar -de la manera más
impúdica- sus fechorías, a mofarse de los vericuetos de la jurisprudencia
española que les ha permitido salir airosos de toda tesitura. A reírse de los
niños que hacen berrinches con las manifestaciones, a reírse de ellos y con ellos.
Porque muchos de esos berrinchosos se olvidan de la hipoteca o de la crisis cuando
hay que hablar de toros o del último partido de la Champions.
Hoy adquiere más sentido ese viejo dicho de
<<un pueblo siempre tiene los gobernantes que se merece>>
¿Realmente merecemos tan poco? ¿Somos el
vertedero político de Europa?
Volviendo a
la televisión, ese circo luminoso en la que nuestros jóvenes ponen sus
esperanzas y nuestros mayores sus angustias. Ese circo televisivo con programas
de la peor calidad, especialmente diseñados como la comida basura de Macdonalds
o de otra cadena de comida rápida, con ingredientes adictivos y muy nocivos
para nuestra salud mental y física. La audiencia de esos programas basura son
también los siete gatos a los que la policía da palizas y los otro cuatro gatos
que se aburren en casa y salen a manifestarse.
Estamos casi a la par de Italia, donde un cavalieri aficionado a las prostitutas y
archi-corruptor de la mayor parte de la clase política de ese país y que pone en
nómina a policías y jueces. No hace falta decir que hablo de Berlusconi: el
buscón más ávido y salteador de libertades. Podría haber sido el propio
Berlusconi el que nos ha mandado a Draghi, de la misma manera como tenemos
infiltrados en España a sus cochinillos antropófagos dirigiendo medios de
comunicación y protegiendo las empresas berlusconianas en España, empresas que
son sobre todo aparatos políticos de manipulación social.
Quizás uno de los escándalos más grandes
ocurridos en España, el caso SGAE (solo por mencionar uno de ellos porque si
los mencionara todos este artículo no tendría fin) sigue sin dar demasiados
frutos; quizás solo algunas condenas ridículas a los menos afortunados, a las
cabezas de turco de siempre. Pero los peces gordos del caso SGAE siguen nadando
tan tranquilamente, disfrutando del astronómico salario de sus estafas.
Volvamos,
ahora, al tema que nos atañe hoy, a la pasada visita del vampiro Mario Draghi,
destetado de la misma loba que amamantó a Berlusconi. Ese falso mesías con su
sonrisa de gato pardo, que se ha desvivido en elogios al gobierno español y que
ha augura el comienzo de la tan ansiada recuperación económica, algo lenta pero
contundente. Las mentiras de Draghi son evidentes, sus alabanzas han sido
escritas como un mal guión, por algún guionista tras bambalinas; y se caen por
sí mismas.
Esa recuperación económica anunciada ha
costado sangre a las clases más desfavorecidas; será plausible a costa de
sacrificios increíbles han mantenido esta nación mientras que entidades
financieras como el Banco Santander acumulaban ganancias por más de 8.000
millones de euros en el 2008, justo al comienzo de la crisis.
¡Y nos quedamos tan tranquilos!
Pero las
supuestas buenas noticias no solo llegan desde la cúspide sino desde muchos
otros sectores. Las multinacionales y corporaciones bancarias felicitan al
gobierno por las reformas que ha implementado y que favorecen ampliamente sus
intereses. Abaratar los despidos, conceder incentivos fiscales y en general una
serie de concesiones harán de España un nuevo paraíso tercermundista donde las
multinacionales podrán explotar ampliamente a los trabajadores, amparadas por
la Ley; sus beneficios, en lugar de verse disminuidos después de la crisis
serán aumentados, por ello se preparan grandes inversiones en España.
Habrá en 2015 trabajo para todos: ¡trabajo,
trabajo y trabajo!
¿Y por las mismas veinte pesetas?
¡Nooooo! ¡No señor, no sea iluso!, en 2015
usted va a cobrar 10 pesetas y se gastará veinte en mantenerse… ¿Qué pasará en
2030? No nos interesa, porque somos como los primeros homínidos que bajaron de
los árboles y se comieron todo lo que encontraron a su alrededor y cuando todo
se consumió y estuvieron a punto de extinguirse, la Providencia les salvó, hubo
suerte y no pasó nada. Henos aquí, aún viviendo del cuento y abusando de la
buena suerte.
En 2015 los
salarios serán algo inferiores. ¡Pero no os desaniméis! Podréis trabajar más de
doce horas por menos salario y con menos derechos para enriquecer más a las corporaciones
financieras, y tenéis que ser agradecidos por ello. Los banqueros han salvado
la vida de millones de españoles, sin sus obras de caridad –al dar trabajo a
los desamparados- éstos seguirían siendo desalojados de sus pequeños pisos (esos
mismos pisos que fueron vendidos por las entidades financieras con hipotecas
que se asemejaban más atracos o estafas), podrán ustedes seguir dedicándose al
consumo desenfrenado con lo poco que quede de esos míseros salarios que los
banqueros y la clase política española han decidido concederles. ¡No reneguéis
de nada, sed buenos esclavos!
Téngase en
cuenta que el salario promedio entre jóvenes y operarios, en tiempos de bonanza,
eran mil euros. Hoy, esos salarios ya miserables en tiempos de bonanza -por no
hablar de los contratos basura que ya se hacían en 2009- han sido disminuidos
más: desaparece la clase mileurista.
Titular: ¡¡¡¡DESPARECE LA CLASE MILEURISTA!!!,
pero no desaparece para ascender sino por lo contrario para degradarse hasta la
humillación. La nueva clase social: los pobres de entre los pobres deberán
además pagar más impuestos (con la subida de IVA a productos de primera
necesidad) y seguir pagando sus deudas calculadas con las estimaciones hechas
en tiempos de riqueza. Los bancos no pierden ni una gota, no sudan, no son
embargados ni se han visto afectados en nada.
Todo son cargas para la sociedad española y
lo peor, para la clase más desfavorecida.
¡Pero debéis
ser agradecidos! Las entidades financieras y el gobierno os han salvado de esta
crisis en la que os habéis metido vosotros solitos, sin ningún tipo de ayuda,
porque debe quedar muy claro que los que decidieron meterse en hipotecas basura
habéis sido vosotros… ¿A quién se le ocurre que desear una vivienda digna, un
coche o unas vacaciones en el caribe es algo plausible para unos esclavos? ¡Esclavos
malos! ¡Esclavos arribistas! Para ser esclavos habéis puesto el muy alto
el listón, ¿no?
Los culpables de la crisis han sido todos
esos trabajadores que desearon con sus míseros salarios pagar sus casas y sus
vehículos, vehículos que en muchos casos necesitaban para ir a trabajar y si
alguna vez se tomaron unas vacaciones con parte del dinero de esa hipoteca pues
también fue un terrible error… ¿desde cuando los esclavos tienen derecho a vacaciones?
¡Y algunos catedráticos os dirán que sí, que la crisis económica la causasteis
vosotros, los mileuristas que aspirabais a vivir dignamente y es que esas
esperanzas no son dignas de esclavos.
¡Pobres de
los bancos y banqueros! Me apenan mucho. Sus buenas intenciones al repartir
hipotecas a diestro y siniestro se han visto traicionados por esta ralea de
esclavos morosos. El gobierno ha hecho muy bien al rescatar a los bancos, ellos
son las grandes víctimas de la crisis. No fueron las entidades financieras y
los cerebros vampirescos que diseñaron a puerta cerrada unas hipotecas y todo
un sistema bancario dirigido a estafar a los incautos y pardillos que anhelaban
una vida mejor, sino que fueron esos incautos y pardillos los que atracaron a
las entidades financieras y dijeron <<venga, vamos a timar a los bancos
haciéndonos hipotecas que luego no vamos a poder pagar, qué chollo>>.
Pero citemos
al vampiro Draghi (¿de Dragón?) directamente y comprobemos que la fiesta para
los esclavos no se ha acabado, nos hace falta más caña, porque en opinión del
vampiro <<se ha hecho mucho, se
ha avanzado en la reestructuración del sistema bancario, se ha promovido la
regulación del sistema laboral que ha mejorado la flexibilidad... el progreso
es significativo pero todavía no ha lidiado con la dualidad». Después de esta
manifestación de desvergüenza radical del vampiro Draghi llega la publicidad
pues señaló que ninguno de los países de la zona euro «ha terminado su trabajo»
en ámbitos como la competitividad o la legislación laboral. Además, ha
advertido que todavía hay que fijar más recortes y subidas de impuestos.
Y a la banca: NI TOCARLA.
La
pantomima de Draghi se veía desenmascarada –al menos para los que entienden de
economía - al día siguiente desde diversas esferas de la Unión Europea y que
desestimaban esas <<dulces medidas>> aplaudidas por el vampiro. En
Estados Unidos el presidente Obama también señalaba una política muy diferente
a la que diversos sectores pretenden implementar en la Vieja Europa, mientras
aquí se habla de recorte social y más impuestos en Estados Unidos se hablan de
más gasto y de incentivar la construcción de pequeña y mediana empresa con
alivios fiscales.
Aunque con las declaraciones de un
presidente como Obama es mejor tener cuidado porque también estamos
acostumbrados a las pantomimas de los presidentes americanos que dicen una cosa
en el Congreso y después hacen todo lo contrario.
La visita de
Draghi a España tuvo inmediatas repercusiones en los enormes bolsillos de los
de siempre: el gran gato gordo de Santander y sus secuaces.
Al día siguiente de su visita la bolsa reaccionó
de la siguiente manera (como bien lo publicó el diario El País el 12 de febrero
de 2013):
<<BBVA se convierte en el mejor de los
grandes valores (+3,23%),
seguido de Iberdrola (+2,12%), Banco Santander (+1,74%), Repsol (+1,46%) y
Endesa (+1,07%). El exitazo de Draghi, el braguetazo del año, su misión
cumplida. Y quiere vendernos la moto de que su visita, a puerta cerrada a la
opinión pública, era <<consiente de que el pueblo lo pasa mal>>.


A eso vino a España el vampiro, a subir los
beneficios y las rentabilidades de las grandes empresas y de la banca privada y
si alguno de ustedes piensa que el repunte de las multinacionales en realidad
se traduce en beneficios para la mayoría de la sociedad española entonces, como
buen pardillo, también le recomendamos que siga comiendo todos los días el menú
BigMac de Macdonalds para bajar el colesterol o que siga invirtiendo gran parte
del día en ver un programa de televisión como <<Sálvame>>. Para
cenar, estimado pardillo, también puede tomar el menú Cimena Paradiso
especialmente recomendado para los obreros españoles: Alicia en el País de las
Maravillas… en blanco y negro, por supuesto.