miércoles, 20 de febrero de 2013

EL SUICIDIO DE BENEDICTO XVI



La renuncia de Benedicto XVI, erróneamente aplaudida por una importante parte de la Iglesia -una curiosa mayoría de los prelados y de muchos fieles- no es otra cosa que un suicidio. Pecado capital, el suicidio es la opción fácil que toman los cobardes, aquellos que deciden quitarse la vida ante la adversidad… (al menos este es el planteamiento católico). Pero como la adversidad es una prueba divina, según la fe católica, es necesario soportarla. Los mártires de la iglesia son el mejor ejemplo, que por nada desertaron de su ministerio, que se mantuvieron fieles a Cristo, que jamás renegaron de su fe, llevaron el mensaje divino por toda la tierra y ningún obstáculo mermó su entrega a Dios.
   Ni la enfermedad, ni la pobreza, ni las amenazas de muerte. Los mártires nos enseñaron que una vez se está consagrado a Dios hay que estar hasta al final con él. Nada pudo contra los apóstoles que se mantuvieron fieles y activos durante toda su vida hasta que les llegó la muerte… ¿Y qué hace, pues, este Papa?
   Benedicto XVI deja su ministerio para el que ha sido elegido supuestamente por Dios y desconoce todo el ejemplo de los mártires de la Iglesia. ¿No fue acaso Juan Pablo II el mejor ejemplo de entrega absoluta a la voluntad divina al mantenerse frente al papado a pesar de su muy evidente deterioro de salud?
   No se puede, o mejor, no se debería renunciar a una misión que supuestamente ha sido encomendada por Dios. Según la tradición cristiana -que desde luego, muy pocos consideran verídica- los cardenales son los que eligen al Papa, es Dios quien inspira a éstos para eligir al Vicario de Cristo. Teniendo en cuenta esta tradición o esta creencia… ¿Está dando Benedicto XVI una bofetada a Cristo? ¿Ha perdido su fe y por ende esa <<flaqueza de espíritu>> es la manifestación clara de una pérdida asimismo de vocación? Finalmente, Benedicto XVI matiza su dimisión y argumenta que es <<por el bien de la Iglesia>>, pero lo que nos preocupa no es lo que nos dice, sino lo que no nos dice y todo lo que hay detrás de esta renuncia.

¿Con qué autoridad moral podrá sermonear Joseph Ratzinger de ahora en adelante a sus fieles, a aquellos que claudican ante los problemas de cualquier índole? ¿El mensaje que nos envía es que <<tiremos la toalla>> cuando la enfermedad nos amenaza? ¿Dónde quedó eso de: <<…en la enfermedad,  en la pobreza…>> que si bien se dice en el caso de una alianza matrimonial no está muy lejos del matrimonio, de la alianza establecida entre los religiosos y Dios?

Adiós Benedicto XVI, un personaje nada carismático e infinitamente inferior a su predecesor en muchos sentidos. Cuesta decidirse si nos encontramos ante un verdadero ser humano cuyas debilidades le han hecho claudicar; o ante un cuervo sagaz, intelectual y calculador que pretende vendernos una pamplina a precio de oro.

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