martes, 26 de febrero de 2013

EL MENÚ ESPAÑOL: CHORIZOS DEL PAÍS CON HABAS




La corrupción es un plato muy repetitivo sin partido fijo

La corrupción en España se supera cada día a sí misma. Se descubren nuevos escándalos de corrupción tanto del Partido Popular como del PSOE y de otras formaciones políticas. Todo nos lleva inmediatamente a una conclusión más que obvia: la corrupción no entiende de colores políticos ni de ideologías y las Leyes anticorrupción son francamente inútiles, fáciles de ningunear bien sea por comunistas, derechistas, centristas y cualquier otro tipo defraudador o corrupto neófito. No hay límite en la corrupción y no se salva ni el perro.
   Desde los grandes chorizos de Marbella encabezados por Jesús Gil, Juan Antonio Roca, Julián Muñoz y el resto del zoo, corte y fauna que les encubría; hasta las advenedizas como Isabel Pantoja (a quien parece que no se le ha podido probar nada y que ha continuado tan tranquila su vida artística), bufona e imagen, desde hace años, de la corrupción política; hasta los nuevos triunfitos de la corrupción como la del doctor Eufemiano Fuentes y la joven revelación, el lacayo vestido de cordero Luis Bárcenas; quien quizás es el chimpancé más gordo de la manada.  
   Los chorizos de Marbella han sido el Gran Hermano Uno de la corrupción, la primera gran camada con la que este país se ha desternillado. Sonrisas y lágrimas. Protestas y reivindicaciones, pero muy pocas actuaciones efectivas.

La mayor parte de estos chorizos, sin embargo, siguen viviendo a sus anchas, disfrutando de las rentas de sus corruptelas. Como si el dinero que se han llevado en bolsas de basura, en comisiones, etcétera, no fuera suficiente, algunos de estos chorizos-stars o estrellas del choriceo han salido, además, en televisión para contar sus fechorías, cobrando por ello sumas escandalosas.
   Y esta última responsabilidad ya no compete a jueces o fiscales, sino que corresponde a todos los españoles que hemos permitido que gentuza de esta calaña pueda presumir desvergonzadamente sus delitos y cobrar por ello. Además, todo hay que decirlo, tras la Pantoja y otros delincuentes hay un famélico público ávido de pantomima televisiva, de reality; tras los monos corruptos hay una serie de admiradores antropófagos, sedientos de chismorreo, de morbo televisivo que parecen no comprender la gravedad del asunto y que están arrastrando a toda la sociedad española no solo al consentimiento de la corrupción sino también a la entronización de los antivalores. A este paso esta sociedad va a conceder galardones a los corruptos y va a defenestrar a los honestos.
   Se hace, pues, de urgente necesidad la intervención de la racionalidad, una racionalidad valiente y efectiva que ponga a títeres, bufones y chorizos en el sitio que les corresponde. Corresponde a los ciudadanos retomar el control del Estado y juzgar severamente a políticos, empresarios y a otros ciudadanos que han contribuido o participado del desmoronamiento de esta sociedad. Se hace imperativo un nuevo y lúcido liderazgo ejercido con certeza, rectitud e inteligencia. Ingrediente este último que escasea como los tréboles de cuatro hojas.

Emarsa y la horchata de las milongas

Explotan cada vez más casos de corrupción en Valencia. Empiezan a saberse más datos sobre el caso Emarsa y la rapiña que sufrió esta entidad pública. Hoy sabemos datos tan aborrecibles como que los directivos de la entidad gastaron 18.000 euros en bolígrafos de oro, más de cuatro millones de euros gastados en informática para treinta ordenadores y una docena más de ignominias.
   Motivos suficientes para que el pueblo valenciano se deje de medias tintas y presione a la judicatura y a sus líderes políticos para hacer una importante depuración en todos los partidos y administraciones. Asimismo, es absolutamente necesario recuperar el dinero de los sucesivos saqueos hechos, como por ejemplo por el ex alcalde de Manises, Enrique Crespo. Y vaya <<crepo>> tiene este personaje, ¡vaya cara!
   No nos sirve de mucho su dimisión, o sus falsos cumplidos y mensajes donde declara que abandona el cargo por proteger los intereses de su partido. Es apremiante que devuelva hasta el último céntimo de su rapiña, es imprescindible que se le confisquen sus bienes. Mas si resulta culpable de los delitos que se le imputan tiene que ser inhabilitado de manera vitalicia para ejercer cualquier cargo público.

La nueva Leyenda Negra española

Junto a los especímenes corruptos aparecen cada vez más unos organismos muy adaptados a todo tipo de hábitats. Hablo de los carroñeros, engendros deformados por la codicia y el resentimiento social. Estos engendros son los lacayos chantajistas; es decir, los subalternos de los grandes corruptos que durante años han estado haciendo de celestinas para sus amos, guardando celosamente todos sus secretos; siendo cómplices o incluso ejecutores de las rapiñas de sus señores.
   Esos cientos de <<Antonios Pérez>>, sinvergüenzas y gusanos, serviles y alcahuetes fueron obedientes durante su servidumbre a los grandes corruptos, pero cuando el chollo parece llegar a su fin afloran el aguijón, sale a borbotones todo su veneno y empiezan los chantajes, porque de antemano los lacayos han guardado sigilosamente las pruebas tanto de sus delitos como de las implicaciones de sus señores en los mismos.

Hoy, de manera descarada y petulante, los lacayos no temen lanzar todo tipo de chantajes a través de los medios de comunicación a sus antiguos amos. Con arrogancia y desfachatez ningunean a jueces, fiscales, abogados, hacen peinetas, insultan y presumen de una impudicia más propia de yonquis.

La palma de oro se la lleva, como no puede ser de otra manera, Luis Bárcenas seguido muy de cerca en su cinismo por el deleznable Eufemiano Fuentes del caso Puerto. Fuentes ha llegado a la desfachatez de chantajear directamente al juez, al presidente de la Federación Española de Atletismo, José María Odriozola y otros más en los medios de comunicación: y sin pelos en la lengua.  Y Bárcenas, como todos sabéis, nos hace peinetas a toda la sociedad española, desde al presidente del gobierno, pasando por jueces y periodistas, hasta el último mono. Esa peineta nos la ha hecho a todos. ¿Es que nadie le va a enseñar modales a este canalla?
   Y nada pasa. Un chantajista actúa tan campante al estilo Bárcenas y en este país no se hace nada. Ya no somos sólo los protagonistas de la Leyenda Negra ahora somos el hazmerreír de Europa. 
   No hay forma de parar la impudicia de estos malhechores; todo lo contrario, parece que encuentran sombra bajo las largas ramas de la ley que, sin embargo, son tan inflexibles en otros casos.

¡Qué triste es estar en España y, desde la tribuna, ver cómo avanza este cáncer que se come nuestra nación y más triste es aún estar fuera de ella y ver, desde la tribuna también, el caos en el que se sume todo un país!






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