La corrupción es un plato muy repetitivo sin partido fijo
La corrupción
en España se supera cada día a sí misma. Se descubren nuevos escándalos de
corrupción tanto del Partido Popular como del PSOE y de otras formaciones
políticas. Todo nos lleva inmediatamente a una conclusión más que obvia: la
corrupción no entiende de colores políticos ni de ideologías y las Leyes
anticorrupción son francamente inútiles, fáciles de ningunear bien sea por
comunistas, derechistas, centristas y cualquier otro tipo defraudador o
corrupto neófito. No hay límite en la corrupción y no se salva ni el perro.
Desde los grandes chorizos de Marbella
encabezados por Jesús Gil, Juan Antonio Roca, Julián Muñoz y el resto del zoo,
corte y fauna que les encubría; hasta las advenedizas como Isabel Pantoja (a
quien parece que no se le ha podido probar nada y que ha continuado tan
tranquila su vida artística), bufona e imagen, desde hace años, de la
corrupción política; hasta los nuevos triunfitos de la corrupción como la del
doctor Eufemiano Fuentes y la joven revelación, el lacayo vestido de cordero
Luis Bárcenas; quien quizás es el chimpancé más gordo de la manada.
Los chorizos de Marbella han sido el Gran
Hermano Uno de la corrupción, la primera gran camada con la que este país se ha
desternillado. Sonrisas y lágrimas. Protestas y reivindicaciones, pero muy
pocas actuaciones efectivas.
La mayor
parte de estos chorizos, sin embargo, siguen viviendo a sus anchas, disfrutando
de las rentas de sus corruptelas. Como si el dinero que se han llevado en
bolsas de basura, en comisiones, etcétera, no fuera suficiente, algunos de
estos chorizos-stars o estrellas del choriceo han salido, además, en televisión
para contar sus fechorías, cobrando por ello sumas escandalosas.
Y esta última responsabilidad ya no compete
a jueces o fiscales, sino que corresponde a todos los españoles que hemos
permitido que gentuza de esta calaña pueda presumir desvergonzadamente sus
delitos y cobrar por ello. Además, todo hay que decirlo, tras la Pantoja y
otros delincuentes hay un famélico público ávido de pantomima televisiva, de
reality; tras los monos corruptos hay una serie de admiradores antropófagos, sedientos
de chismorreo, de morbo televisivo que parecen no comprender la gravedad del
asunto y que están arrastrando a toda la sociedad española no solo al
consentimiento de la corrupción sino también a la entronización de los
antivalores. A este paso esta sociedad va a conceder galardones a los corruptos
y va a defenestrar a los honestos.
Se hace, pues, de urgente necesidad la
intervención de la racionalidad, una racionalidad valiente y efectiva que ponga
a títeres, bufones y chorizos en el sitio que les corresponde. Corresponde a
los ciudadanos retomar el control del Estado y juzgar severamente a políticos,
empresarios y a otros ciudadanos que han contribuido o participado del
desmoronamiento de esta sociedad. Se hace imperativo un nuevo y lúcido
liderazgo ejercido con certeza, rectitud e inteligencia. Ingrediente este
último que escasea como los tréboles de cuatro hojas.
Emarsa y la horchata de las milongas
Explotan cada
vez más casos de corrupción en Valencia. Empiezan a saberse más datos sobre el
caso Emarsa y la rapiña que sufrió esta entidad pública. Hoy sabemos datos tan
aborrecibles como que los directivos de la entidad gastaron 18.000 euros en bolígrafos
de oro, más de cuatro millones de euros gastados en informática para treinta
ordenadores y una docena más de ignominias.
Motivos suficientes para que el pueblo
valenciano se deje de medias tintas y presione a la judicatura y a sus líderes
políticos para hacer una importante depuración en todos los partidos y
administraciones. Asimismo, es absolutamente necesario recuperar el dinero de
los sucesivos saqueos hechos, como por ejemplo por el ex alcalde de Manises,
Enrique Crespo. Y vaya <<crepo>> tiene este personaje, ¡vaya cara!
No nos sirve de mucho su dimisión, o sus
falsos cumplidos y mensajes donde declara que abandona el cargo por proteger los
intereses de su partido. Es apremiante que devuelva hasta el último céntimo de
su rapiña, es imprescindible que se le confisquen sus bienes. Mas si resulta
culpable de los delitos que se le imputan tiene que ser inhabilitado de manera
vitalicia para ejercer cualquier cargo público.
La nueva Leyenda Negra española
Junto a los
especímenes corruptos aparecen cada vez más unos organismos muy adaptados a
todo tipo de hábitats. Hablo de los carroñeros, engendros deformados por la
codicia y el resentimiento social. Estos engendros son los lacayos
chantajistas; es decir, los subalternos de los grandes corruptos que durante
años han estado haciendo de celestinas para sus amos, guardando celosamente todos
sus secretos; siendo cómplices o incluso ejecutores de las rapiñas de sus
señores.
Esos cientos de <<Antonios
Pérez>>, sinvergüenzas y gusanos,
serviles y alcahuetes fueron obedientes durante su servidumbre a los grandes
corruptos, pero cuando el chollo parece llegar a su fin afloran el aguijón,
sale a borbotones todo su veneno y empiezan los chantajes, porque de antemano
los lacayos han guardado sigilosamente las pruebas tanto de sus delitos como de
las implicaciones de sus señores en los mismos.
Hoy, de
manera descarada y petulante, los lacayos no temen lanzar todo tipo de
chantajes a través de los medios de comunicación a sus antiguos amos. Con arrogancia
y desfachatez ningunean a jueces, fiscales, abogados, hacen peinetas, insultan
y presumen de una impudicia más propia de yonquis.
La palma de
oro se la lleva, como no puede ser de otra manera, Luis Bárcenas seguido muy de
cerca en su cinismo por el deleznable Eufemiano Fuentes del caso Puerto. Fuentes
ha llegado a la desfachatez de chantajear directamente al juez, al presidente
de la Federación Española de Atletismo, José María Odriozola y otros más en los
medios de comunicación: y sin pelos en la lengua. Y Bárcenas, como todos sabéis, nos hace
peinetas a toda la sociedad española, desde al presidente del gobierno, pasando
por jueces y periodistas, hasta el último mono. Esa peineta nos la ha hecho a
todos. ¿Es que nadie le va a enseñar modales a este canalla?
Y nada pasa. Un chantajista actúa tan
campante al estilo Bárcenas y en este país no se hace nada. Ya no somos sólo
los protagonistas de la Leyenda Negra ahora somos el hazmerreír de Europa.
No hay forma de parar la impudicia de estos
malhechores; todo lo contrario, parece que encuentran sombra bajo las largas
ramas de la ley que, sin embargo, son tan inflexibles en otros casos.
¡Qué triste es
estar en España y, desde la tribuna, ver cómo avanza este cáncer que se come
nuestra nación y más triste es aún estar fuera de ella y ver, desde la tribuna
también, el caos en el que se sume todo un país!


No hay comentarios:
Publicar un comentario