Encima de ladrón, bufón
El caso
Bárcenas no da espacio a ningún otro tema en este país. Quizás lo único
positivo que puede salir de su despreciable personalidad es que gracias a sus
chantajes e ignominias ha logrado que una mayoría de los militantes de casi
todos los partidos políticos españoles, incluyendo al propio Partido Popular,
converjan en una misma opinión. Luis Bárcenas es un chantajista y el Partido
Popular no puede ceder a sus chantajes, se deben tomar medidas legales en su
contra y se debe intentar aislar al partido de su deleznable influencia.
Pese a que en la calle la mayor parte de los
españoles pensamos eso, en la cúpula del Partido Popular persiste una dejadez,
cierta modorra levantina que les impide tomar al toro por los cuernos. Sea cual
fuere la razón de su ineptitud, los ánimos están cada vez más caldeados e
incluso los más fieros defensores del PP en programas de televisión que se han
caracterizado siempre por su defensa a ultranza y por su tendencia a la derecha
ahora parecen estar de acuerdo -hasta con sus más antagónicos detractores- en
que Bárcenas es una lacra, una vergüenza para España, un descalabro para los
populares.
¿Cómo se
explica que un señor que ya ha estado imputado en uno de los mayores escándalos
de corrupción de este país y al que se le han descubierto cuentas en Suiza con más
de 22 millones de euros sigue paseándose por Madrid tan campante? ¿Qué tipo de
leyes tenemos en España que tal desfachatez se permite? Cuando algún
parroquiano no paga una multa de treinta euros se pone en marcha toda la maquinaria
del Estado, desde la DGT hasta hacienda y, en menos de una semana, acaban
embargándole la cuenta bancaria; no obstante, a un señor cuya imputación en un
delito de corrupción lo ha catapultado al estrellado mediático, sigue en uso de
sus cuentas corrientes en España y además controlando un gran patrimonio entre
sociedades y propiedades varias?
Cierto es que gran parte del capital de Bárcenas
está fuera de España, pese a ello no se ha hecho nada contra el pequeño (en
comparación) patrimonio que aún posee en España.
Luis Bárcenas
tiene empresas en Bermudas, además -mucho antes que la caldera de Gürtel
estallará- creó varias sociedades en diversos paraísos fiscales para guardar
allí su botín. Retrasó, durante nueve meses -mediante todo tipo de recursos-,
el envío a España de la información solicitada por los jueces sobre sus cuentas
en Suiza. Creó un entramado societario dirigido por testaferros y toda una
organización que le permitiera estar a salvo de la justicia.
Las
explicaciones patateras y patéticas de María Dolores de Cospedal respecto a la
finalización de la relación laboral de Luis Bárcenas siguen embadurnando de
desconfianza al Partido Popular (A pesar de que las rectificaciones no dejan de
hacerse, y cada vez con mayor confusión).
El argumento de la indemnización con
disimulación no hay cómo comérselo, de la misma manera como no se puede
entender que el Partido Popular siga con paños de agua tibia respecto a Luis
Bárcenas y haya estado protegiendo -o al menos camuflando la verdadera posición
de este chantajista profesional-.
Cuando se
admite que hay una simulación es evidente que se ha evitado la ley, por no
decir que se ha infringido flagrantemente. Al menos en eso el Partido Popular
tiene toda la responsabilidad. La <<metida de patas>> de la señora
De Cospedal (quien nunca ha valido ni para ser secretaria de José Mota) ha
arrojado más oscuridad sobre la relación laboral del tesorero y sobre la
terminación de la misma y nos ha lanzado a todos a conjeturar, de manera
inmediata, sobre lo qué realmente pasó en Génova.
La
incapacidad para dar una respuesta política del Partido Popular está minando
sus cimientos y la responsabilidad en este campo recae absolutamente sobre la
cúpula de dicho partido; empezando, como no podría ser de otra manera, por el
presidente del gobierno. Mariano Rajoy parece vivir en un mundo distinto al
resto de los españoles, un mundo de yupi donde no hay Bárcenas, ni cloacas ni
monstruos, donde florecen los almendros y las calles se perfuman de jazmín y
bailamos todos la danza de la alegría.
No, no señores, esto no se puede consentir ¿tenemos
presidente del Gobierno o no? Si Zapatero se convirtió en un mentiroso compulsivo
con su <<aquí no pasa nada>>, Rajoy juega al
<<mudito>>. Basta ya hacerse
el de la vista gorda con los problemas reales del país y esconderse tras
ministros y diputados a fin de no responder con claridad y firmeza. Aunque de
firmeza el señor Rajoy sabe poco y más valor se le ve a la siempre dialéctica y
eficiente Soraya Saenz de Santamaría.
De esa falta de liderazgo, de esas
constantes deslealtades de los partidos tradicionales es de lo que estamos
hartos en España.
Corresponde,
pues, a todos los ciudadanos exigir una respuesta clara y contundente. Corresponde,
asimismo, y de manera urgente, que los militantes del Partido Popular exijan a
sus dirigentes que rescate, de una vez por todas, la imagen del partido. Porque
ahora mismo el peso de la duda, de la sospecha, recae sobre el nombre de los
populares y corresponde a todos esos populares honestos poner fin a esta
situación y salvar su honor. No se puede seguir alcahueteando a Bárcenas, no se
le puede seguir el juego.
Respecto a la
promesa de la Auditoría del Partido Popular, María Dolores de Cospedal (sabia y
doctora en gazapos, por aclamación) ha dicho que <<no hay auditorias que
quieran auditar partidos políticos>>. La verdad es que meterse en el
berenjenal de auditar al Partido Popular en estas circunstancias es como
intentar meter una rata blanca dentro de una jaula de linces que llevan semanas
sin comer.
Este lunes, y
después de más de dos años (desde su imputación en Gürtel en 2009), a Luis
Bárcenas por fin se le ha retirado el pasaporte, se le prohíbe salir de España y
tendrá que presentarse cada quince día ante el juez. Lamentablemente estas
novedades nos saben a poco pues Bárcenas ha tenido muchos años para planear muy
bien sus estrategias de defensa, para poder crear un gran entramado societario
y una composición artificial para justificar sus ingresos. Experto en mentir,
en ocultar información y en chantajear, el extesorero del PP se afila bien los
dientes y sigue en posesión de documentos que podrían implicar a altos
funcionarios del gobierno y de la cúpula del Partido Popular.
Todo esto deja fuera de juego al principal
actor en esta opereta bufa: la base del partido. Peleles y marionetas, los
militantes están embelesados con el caos del Olimpo de Génova y no saben cómo
reaccionar.
Nos preocupa mucho que durante estos años de
impunidad Luis Bárcenas haya podido destruir documentos de gran importancia y
hacer una serie de gestiones para borrar toda su implicación en Gürtel y los
sobres con dinerillo.
Tras de ladrón, bufón
Poco antes de
publicar este artículo he tenido conocimiento -mediante la agencia EFE- que Luis
Bárcenas, aparte de ya haber denunciado al PP por supuesto despido improcedente,
ahora les denuncia por apropiarse –indebidamente- de dos ordenadores del
despacho que el susodicho tenía en su despacho de Génova. Tiene gracia, el pájaro disparando a las
escopetas. ¡Vaya besugo!


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