viernes, 22 de marzo de 2013

LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA Y PÚBLICA




En la antigua Roma la responsabilidad política siempre fue un asunto de lo más serio y la necesidad del apoyo popular era tan indispensable que muchos políticos llegaban a convertirse en demagogos (esa palabra que utilizan tanto los panelistas de programas de televisión y cuyo significado parecen desconocer). Los demamogos no eran otra cosa que esos políticos que en su afán por ganarse el apoyo del pueblo seguían sin miramientos toda clase de locuras, se esmeraban tanto por agradar que llegaban a convertirse en títeres seducidos por el aplauso popular. Y el pueblo romano se caracterizó por pedir excentricidades a sus líderes, hasta el punto de convertir la demagogia en una práctica detestable entre la clase política <<culta e ilustrada>>.
   Hoy ocurre todo lo contrario, los políticos se empeñan en no ser demagogos y en ser lo más impopulares posible. Pero si bien la clase política <<culta e ilustrada>> romana se hacía impopular gracias a su despotismo es cierto que muchas veces las leyes y medidas al final iban en bienestar de la población. Cicerón no fue propiamente el más popular entre el pueblo pero es innegable que sus aportes jurídicos iban en beneficio de la población. Quizás esto nos sirva para comprender que no siempre un sector tiene la razón y que precisamente debe ser la razón la que guíe a los pueblos, desde la esfera política y descendiendo hasta el pueblo. Porque deben ser los líderes los precursores del bienestar de la población, al menos visto con un criterio idealista.
   Si bien el pueblo es soberano también es heterogéneo y no siempre las peticiones populares son las más idóneas; porque así como los ciudadanos luchan por sus intereses la clase política lucha por los suyos... Pero, ¿acaso no deberían ser los intereses de los ciudadanos los mismos que los de sus líderes políticos? Teóricamente, sí. Aunque en España eso no ocurre, como puede comprobarse cada día. Si bien hemos reconocido que no siempre el clamor popular camina en la dirección correcta hoy por hoy es innegable que el clamor popular no sólo está plenamente justificado, además el clamor popular es un pandemia que amenaza con convertirse en crónica.

Esteban González Pons ha decidido denunciar a los miembros de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, una decisión a mi parecer desacertada e indignante. En primer lugar, porque esgrime que se siente acosado en su domicilio particular y, además, dice que teme por sus hijos. 
    ¿Acaso, señor González Pons, los afectados por las hipotecas no han sido los primeros en ser acosados en sus domicilios particulares por aquellos bancos cuyas usuras los llevaron a la ruina? ¿Acaso estas personas no tienen también hijos que han sido desalojados de sus hogares o que sobreviven en una constante alteración de su vida familiar al verse asediados, acosados, vilipendiados de mil maneras por los bancos que les han defraudado? ¿Acaso no es usted político y personaje público y no pasa por usted, al igual que por otros líderes de su partido, el poder para cambiar esa situación que padecen miles de ciudadanos?
   Si bien puedo entender perfectamente lo molesto que puede resultar tener a personas manifestándose frente al domicilio particular, lo que no puedo entender es que alegue usted acoso cuando los que han sido primeramente acosados y ultrajados han sido los que se manifiestan. Abra los ojos, señor González Pons,  escuche a muchos de sus propios votantes porque los abusos de las hipotecas no han visto color político.

Por otro lado, si no desea usted ser acosado, estimado señor Pons, dimita y dedíquese a cualquier otra profesión. Abandone el partido porque está bien claro que no sabe lo que es responsabilidad política. 
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