martes, 26 de marzo de 2013

ANGELA MERKEL y la Trinidad Omnipotente: Banca, política y religión





La Messi de la política

La canciller alemana con uno de sus gestos más característicos con las manos en forma de rombo y que ha sido utilizado por la masonería.  Significa poder, estabilidad y prudencia. 


Nacida Angela Dorothea Kasner, en Hamburgo, el 17 de julio de 1954 es hoy considerada la mujer más poderosa del mundo. El apellido Merkel lo tomó de su primer marido del cual se divorció en 1982, aunque volvió a casarse mucho después. Fue elegida canciller de Alemania en 2005 tras liderar una coalición política lo suficientemente fuerte como para mantenerse hasta hoy en el poder.
   Angela Merkel, es, además, la mejor jugadora de la liga europea de política ha dado muestras de su extremada eficiencia, de su lealtad a los intereses de su nación y de su capacidad para imponer en Europa la política alemana, una política excelente para Alemania y ruinosa para los demás socios –sobre todo para aquellos cuyas paupérrimas economías no soportan el modelo teutón-.
   Alemania es el rey sol de Europa y aunque Inglaterra le hace modestamente la competencia europea, puesto que Francia no hace más que cumplir un papel secundario, de actor incapaz de improvisar y que sigue un guión escrito de manera tácita por la misma Alemania.
   La Gran Dama Teutónica es la principal representante de los intereses de Alemania y aunque esta afirmación pueda parecer obvia no lo es en lo absoluto. La diferencia entre la líder alemana y, por ejemplo, nuestros líderes es que ella sí que procura el bienestar de sus electores, sí que sigue fielmente los intereses de Alemania y por ello se ha mantenido en el poder convirtiendo a su país en la economía más potente de la unión, cuya política marca la pauta en Europa y rige los destinos de todos europeos.
   Lamentablemente, para nosotros esa política es desastrosa. Lo que es bueno para Alemania no es bueno para España y de esa diferencia nace el posible resentimiento que podamos sentir por la canciller alemana. Pese a ello, no pude negársele el mérito de ser fiel a su nación y mantener los intereses de la misma por encima de los propios, con magníficos resultados.
   Por otro lado, Angela Merkel no es más que una secretaria de la Banca alemana, de los cristianos ultraconservadores y de una potentísima clase media. Merkel es una secretaria muy eficiente cuya autonomía sí que puede ser discutible pero de una idoneidad innegable. Una mujer que sabido decir todo aquello que los alemanes han querido decir. Un ejemplo de ascetismo, gravedad y audacia.
   Aunque no es oro todo lo que reluce. Sépase que, como en la mayoría de los países, es la banca alemana la que controla los intereses de Alemania. Pero en este caso también los alemanes son afortunados, pues si la banca alemana controla el poder político de manera despótica ese despotismo se traduce en una fortaleza económica que pone a los alemanes en una condición de ventaja frente a nosotros. Mientras los bancos en España se han dedicado a esquilmar, defraudar, atracar -y algunos crímenes más- a jubilados y ciudadanos de clase media y baja, la banca alemana se ha dedicado a controlar bancos extranjeros, a invertir en deuda extranjera y controlar una serie de multinacionales alrededor del mundo que generan pingües beneficios para el estado alemán. No es que esto sea menos altruista que las actuaciones de la banca española, pero al menos no para el pueblo alemán. El bienestar del Estado alemán es el bienestar empresarial de Alemania, y en ello residen la diferencia entre nuestra realidad y la suya.
 Los alemanes vuelven a demostrar que si bien no son una raza superior como predicó el nacionalsocialismo, mas sí que son una raza capaz de aprender de sus errores, son una nación unida, con perspectiva de futuro, con una capacidad de generar riqueza y con una imparable habilidad para autoregenerarse y ascender en todos los ámbitos de la vida.
    Los alemanes son realistas. Puede que en sus corazones aún se crean superiores y nos vean como a simples bípedos despreciables, pese a ello no demuestran un ápice de este sentimiento: se autocontrolan, son concientes de sus debilidades, de sus carencias y las usan a su favor. No hay mejor arte castrense que conocerse a sí mismo, de reconocerse con un sincero criterio despojado de orgullo vano para enfrentarse a la vida diaria y elevarse por encima de los demás. Eso han hecho los alemanes, se han elevado nuevamente después de varias demostraciones en los últimos siglos: luteranismo, imperialismo prusiano, hegemonía bancaria e industrial, nacionalsocialismo, incluso coqueteando con el comunismo extrayendo lo mejor de él (al fin y al cabo del veneno se extrae el antídoto). Han creado la idiosincrasia del pueblo alemán, la política del pueblo alemán, la economía del pueblo alemán... Y hoy seguimos esas pautas como niños que no saben leer y se dejan guiar por aquellos que sí lo saben.

Los alemanes tienen los pies sobre la tierra. Vislumbraron antes que nosotros la crisis económica. Cuando aún no había empezado, ya habían hecho los ajustes pertinentes para atajar sus efectos, no dejándose sorprender por el vendaval con las puertas abiertas; hermetizados e inmunizados, consiguieron mantenerse en equilibrio y hoy sobrellevan los malos tiempos con la misma sabiduría que los egipcios superaron los años de hambruna vaticinados por José.
   Es cierto que su economía también se ha resentido pero eso se debe a otros factores que resumiremos en la competencia internacional. En la competencia de las potencias como China y el deteriorado imperio estadounidense. Ese imperio que, al igual que el imperio romano en su decadencia, da coletazos peligrosos, demasiado peligrosos para el futuro de nuestra unión.  

Para mí, por ejemplo, es muy claro que de esta batalla saldrá triunfante China, prácticamente ya lo ha hecho. Alemania, sin embargo, mientras Angela Merkel esté al frente de su gobierno, marcará la pauta europea y hará todo cuanto pueda para protegerse a sí misma. Este sería un buen argumento para los que ahora defienden la desintegración de la Unión Europea, lo cual a mí juicio es totalmente absurdo pues el problema no ha sido la unión en sí misma si no la forma como se ha gestionado o como se ha manipulado por Alemania.
   Todas estas realidades no quieren significar que los alemanes son nuestros enemigos, es el juego de la supervivencia. Alemania lucha por su supervivencia, es una gran competidora y dentro del modelo económico imperante en los estados occidentales, Alemania simplemente juega, de manera hábil y brillante, con las reglas de ese juego maquiavélico. 



En España, sin embargo, muy pocas personas estarán de acuerdo con esta opinión porque el orgullo español, el orgullo hidalgo hace imposible que se admire a los adversarios y ese es un gran defecto que siempre ha impedido hacer autocrítica al pueblo español y aprender de esa autocrítica para mejorar, para elevarse entre las naciones como un pueblo soberano y evolucionado. Los mediocres siempre tildan a sus adversarios de malvados, de incapaces, de demonios. Demonizar a la canciller alemana es un gran error, pues una sociedad inteligente la estudiaría, aprendería de ella y la emularía. Admirar a los adversarios no es lo mismo que claudicar ante ellos. Napoleón admiró al zar Alejandro II y eso no le impidió hacerle la guerra. Los grandes generales como Alejandro Magno siempre sintieron una gran admiración por sus más astutos rivales y llegaron a conocerles bien, incluso a estrecharles la mano, porque querían aprender de ellos. Conocer a los enemigos, a los adversarios, es uno de los requisitos para salir airoso de una confrontación.  
   Necesitamos una Merkel que lleve la política española a las grandes ligas. Y aunque como hemos dicho anteriormente esta líder –o eficaz secretaria de los bancos alemanes- nos vendría bien siempre y cuando su émulo español sea secretario no de los bancos españoles -que bien nos han jodido (sic)- si no del conjunto de la sociedad española.
   El problema de Angela Merkel no es que sea una mala jugadora, el problema es que no juega para nosotros. 

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