viernes, 22 de marzo de 2013

EL NEGOCIO DE LA “SEGURIDAD” VIAL



Mínima inversión, máxima explotación



Desde que llegó a la DGT el ambicioso Pere Navarro este organismo estatal se ha convertido en el negocio más lucrativo del gobierno. Si bien a la llegada de Pere Navarro este país caminaba en la misma dirección de los gobiernos alrededor del mundo de aprovecharse de la <<seguridad>> vial para hacer caja, es innegable que fue con Navarro cuando la DGT pasó de ser la Dirección General de Tráfico a la Dirección Ganancial de Tráfico.

Desde 2004 las cifras de ingresos en la DGT por concepto de infracciones de tráfico se elevaron exponencialmente. Si bien es cierto que ciertas medidas son sin duda importantísimas también es cierto que de la mano de las mismas ha ido el interés por ganar dinero a costa de vendernos una idea de seguridad vial que no se corresponde con la realidad y, sobre todo, que no se corresponde con los datos que manejan las asociaciones de conductores a nivel español y europeo.
   Desde hace varios años estas asociaciones vienen haciendo hincapié en la importancia de tener en cuenta muchos otros factores diferentes a la velocidad que son causantes de accidentes y cuya proporción es, en total, mayor que la de siniestralidad por exceso de velocidad.
   No obstante, la DGT ha hecho oídos sordos a las peticiones de las asociaciones de conductores y desconoce más causas de siniestralidad diferentes al alcohol, las drogas y la velocidad. Respecto a las dos primeras causales estoy totalmente de acuerdo con la DGT pero debo disentir respecto a la tercera puesto que la velocidad si bien puede ser agravante en los accidentes de tráfico no es la única responsable de los mismos. La situación está muy clara y vemos como un caso tan mediático como el de Ortega-Cano nos ejemplifica que el consumo de alcohol al volante es más peligroso que la velocidad y que la combinación de ambas es letal. Pero no se deben desestimar otros factores.

Hoy nos encontramos con la nada alegre noticia que la DGT se ha gastado más de 150.000 euros en un nuevo radar que ha instalado en uno de los más de 20 helicópteros que sobrevuelan constantemente nuestros cielos en busca de infractores de velocidad. Y si bien a simple vista esto puede parecer una medida que beneficie a los conductores no se trata nada más que del mismo afán recaudatorio que desde hace años oprime a la sociedad española y desconociendo, a su vez, las otras e importantes causas de siniestralidad.
   Porque la única medida que la directora de la DGT, María Seguí, ha anunciado esta mañana con bombos y platillos es la entrada en funcionamiento de Pegasus, un radar de fabricación nacional que han tardado más de seis años en perfeccionar y que ahora piensa recuperar esos 150.000 euros en menos de dos meses. La directora no ha dicho nada más, no se habló de finalización de obras, de ampliación y mejora de vías, no se habló de consecuente señalización de los puntos negros por siniestralidad debido a problemas estructurales de las vías, no se habló de campañas para el control del tráfico en zonas de desplazamientos masivos y donde es necesaria la presencia policial. No ha hablado, por ejemplo, de la pésima señalización en las carreteras comarcales, del fatídico estado de las mismas, de las muchas carreteras secundarias que están en obras y que producen, según las cifras que manejan las asociaciones de conductores profesionales, más accidentes que los escasos abusos de velocidad de algunos conductores irresponsables. 

Pegasus va a hacer su "agosto" este abril

 Desde aquí no hablamos, señora directora, que deban obviarse las infracciones de tráfico por velocidad pero sí que le invitamos a que de una vez se quiete la venda de los ojos, deje de seguir las estadísticas económicas y mire las cifras reales de siniestralidad producida por los descuidos del Estado. Porque señalizar bien una carretera o adecuarla correctamente para la circulación no da dinero, todo lo contrario, supone un gasto para el Estado que la clase política prefiere no hacer.

Hay que resaltar que si bien el gobierno ha hecho recortes en casi todos sus ministerios a la DGT apenas se le ha tocado; por el contrario, ahora tienen más recursos para seguir instalando radares por toda España, radares cuyos precios son realmente escandalosos. ¿No hay, pues, una afán claramente recaudatorio? Para mí está muy claro.

Cualquiera que conozca un poco las carreteras españolas, incluso las autopistas de pago podrá darme la razón. Por ejemplo, la DGT afirma que la siniestralidad en carreteras secundarias es mucho mayor y yo les creo pero lo que no dice es que el estado de las carreteras secundarias no es malo sino pésimo. Cualquier que conozca la Nacional 1 -por ejemplo en su tramo entre Burgos y Miranda de Ebro- podrá darme la razón y sabrá que en este recorrido hay tramos realmente peligrosos para la seguridad. Cruces sin señalizar, por no decir que la vía lleva, a decir verdad, no sé cuántos años en obras. Unas obras que no parecen finalizar nunca y que cada vez parecen prolongarse más y sin efectos positivos (de momento). Cualquiera que circule por cualquier carretera nacional en España podrá darme la razón y no necesitamos para ello a los peritos de las asociaciones de automovilistas. 



Pero sobre la DGT recaen todo tipo de sospechas por su poco disimulado afán recaudatorio, afán que ha llegado a ser denunciado por los propios sindicatos de la Guardia Civil y por los abusos que ha cometido al coaccionar a los agentes para que multen de manera indiscriminada. En esta tropelía el Ministerio del Interior también ha estado implicado de manera que nos quedamos atónitos cuando aún hoy siguen negando el negocio de la seguridad vial.
 


Así que ¡basta ya! de medidas recaudatorias por parte de la DGT, ¡basta ya! de nuevos radares caros y sofisticados que solo perpetúan el negocio de la seguridad vial.

No hay comentarios:

Publicar un comentario