martes, 26 de marzo de 2013

ANGELA MERKEL y la Trinidad Omnipotente: Banca, política y religión





La Messi de la política

La canciller alemana con uno de sus gestos más característicos con las manos en forma de rombo y que ha sido utilizado por la masonería.  Significa poder, estabilidad y prudencia. 


Nacida Angela Dorothea Kasner, en Hamburgo, el 17 de julio de 1954 es hoy considerada la mujer más poderosa del mundo. El apellido Merkel lo tomó de su primer marido del cual se divorció en 1982, aunque volvió a casarse mucho después. Fue elegida canciller de Alemania en 2005 tras liderar una coalición política lo suficientemente fuerte como para mantenerse hasta hoy en el poder.
   Angela Merkel, es, además, la mejor jugadora de la liga europea de política ha dado muestras de su extremada eficiencia, de su lealtad a los intereses de su nación y de su capacidad para imponer en Europa la política alemana, una política excelente para Alemania y ruinosa para los demás socios –sobre todo para aquellos cuyas paupérrimas economías no soportan el modelo teutón-.
   Alemania es el rey sol de Europa y aunque Inglaterra le hace modestamente la competencia europea, puesto que Francia no hace más que cumplir un papel secundario, de actor incapaz de improvisar y que sigue un guión escrito de manera tácita por la misma Alemania.
   La Gran Dama Teutónica es la principal representante de los intereses de Alemania y aunque esta afirmación pueda parecer obvia no lo es en lo absoluto. La diferencia entre la líder alemana y, por ejemplo, nuestros líderes es que ella sí que procura el bienestar de sus electores, sí que sigue fielmente los intereses de Alemania y por ello se ha mantenido en el poder convirtiendo a su país en la economía más potente de la unión, cuya política marca la pauta en Europa y rige los destinos de todos europeos.
   Lamentablemente, para nosotros esa política es desastrosa. Lo que es bueno para Alemania no es bueno para España y de esa diferencia nace el posible resentimiento que podamos sentir por la canciller alemana. Pese a ello, no pude negársele el mérito de ser fiel a su nación y mantener los intereses de la misma por encima de los propios, con magníficos resultados.
   Por otro lado, Angela Merkel no es más que una secretaria de la Banca alemana, de los cristianos ultraconservadores y de una potentísima clase media. Merkel es una secretaria muy eficiente cuya autonomía sí que puede ser discutible pero de una idoneidad innegable. Una mujer que sabido decir todo aquello que los alemanes han querido decir. Un ejemplo de ascetismo, gravedad y audacia.
   Aunque no es oro todo lo que reluce. Sépase que, como en la mayoría de los países, es la banca alemana la que controla los intereses de Alemania. Pero en este caso también los alemanes son afortunados, pues si la banca alemana controla el poder político de manera despótica ese despotismo se traduce en una fortaleza económica que pone a los alemanes en una condición de ventaja frente a nosotros. Mientras los bancos en España se han dedicado a esquilmar, defraudar, atracar -y algunos crímenes más- a jubilados y ciudadanos de clase media y baja, la banca alemana se ha dedicado a controlar bancos extranjeros, a invertir en deuda extranjera y controlar una serie de multinacionales alrededor del mundo que generan pingües beneficios para el estado alemán. No es que esto sea menos altruista que las actuaciones de la banca española, pero al menos no para el pueblo alemán. El bienestar del Estado alemán es el bienestar empresarial de Alemania, y en ello residen la diferencia entre nuestra realidad y la suya.
 Los alemanes vuelven a demostrar que si bien no son una raza superior como predicó el nacionalsocialismo, mas sí que son una raza capaz de aprender de sus errores, son una nación unida, con perspectiva de futuro, con una capacidad de generar riqueza y con una imparable habilidad para autoregenerarse y ascender en todos los ámbitos de la vida.
    Los alemanes son realistas. Puede que en sus corazones aún se crean superiores y nos vean como a simples bípedos despreciables, pese a ello no demuestran un ápice de este sentimiento: se autocontrolan, son concientes de sus debilidades, de sus carencias y las usan a su favor. No hay mejor arte castrense que conocerse a sí mismo, de reconocerse con un sincero criterio despojado de orgullo vano para enfrentarse a la vida diaria y elevarse por encima de los demás. Eso han hecho los alemanes, se han elevado nuevamente después de varias demostraciones en los últimos siglos: luteranismo, imperialismo prusiano, hegemonía bancaria e industrial, nacionalsocialismo, incluso coqueteando con el comunismo extrayendo lo mejor de él (al fin y al cabo del veneno se extrae el antídoto). Han creado la idiosincrasia del pueblo alemán, la política del pueblo alemán, la economía del pueblo alemán... Y hoy seguimos esas pautas como niños que no saben leer y se dejan guiar por aquellos que sí lo saben.

Los alemanes tienen los pies sobre la tierra. Vislumbraron antes que nosotros la crisis económica. Cuando aún no había empezado, ya habían hecho los ajustes pertinentes para atajar sus efectos, no dejándose sorprender por el vendaval con las puertas abiertas; hermetizados e inmunizados, consiguieron mantenerse en equilibrio y hoy sobrellevan los malos tiempos con la misma sabiduría que los egipcios superaron los años de hambruna vaticinados por José.
   Es cierto que su economía también se ha resentido pero eso se debe a otros factores que resumiremos en la competencia internacional. En la competencia de las potencias como China y el deteriorado imperio estadounidense. Ese imperio que, al igual que el imperio romano en su decadencia, da coletazos peligrosos, demasiado peligrosos para el futuro de nuestra unión.  

Para mí, por ejemplo, es muy claro que de esta batalla saldrá triunfante China, prácticamente ya lo ha hecho. Alemania, sin embargo, mientras Angela Merkel esté al frente de su gobierno, marcará la pauta europea y hará todo cuanto pueda para protegerse a sí misma. Este sería un buen argumento para los que ahora defienden la desintegración de la Unión Europea, lo cual a mí juicio es totalmente absurdo pues el problema no ha sido la unión en sí misma si no la forma como se ha gestionado o como se ha manipulado por Alemania.
   Todas estas realidades no quieren significar que los alemanes son nuestros enemigos, es el juego de la supervivencia. Alemania lucha por su supervivencia, es una gran competidora y dentro del modelo económico imperante en los estados occidentales, Alemania simplemente juega, de manera hábil y brillante, con las reglas de ese juego maquiavélico. 



En España, sin embargo, muy pocas personas estarán de acuerdo con esta opinión porque el orgullo español, el orgullo hidalgo hace imposible que se admire a los adversarios y ese es un gran defecto que siempre ha impedido hacer autocrítica al pueblo español y aprender de esa autocrítica para mejorar, para elevarse entre las naciones como un pueblo soberano y evolucionado. Los mediocres siempre tildan a sus adversarios de malvados, de incapaces, de demonios. Demonizar a la canciller alemana es un gran error, pues una sociedad inteligente la estudiaría, aprendería de ella y la emularía. Admirar a los adversarios no es lo mismo que claudicar ante ellos. Napoleón admiró al zar Alejandro II y eso no le impidió hacerle la guerra. Los grandes generales como Alejandro Magno siempre sintieron una gran admiración por sus más astutos rivales y llegaron a conocerles bien, incluso a estrecharles la mano, porque querían aprender de ellos. Conocer a los enemigos, a los adversarios, es uno de los requisitos para salir airoso de una confrontación.  
   Necesitamos una Merkel que lleve la política española a las grandes ligas. Y aunque como hemos dicho anteriormente esta líder –o eficaz secretaria de los bancos alemanes- nos vendría bien siempre y cuando su émulo español sea secretario no de los bancos españoles -que bien nos han jodido (sic)- si no del conjunto de la sociedad española.
   El problema de Angela Merkel no es que sea una mala jugadora, el problema es que no juega para nosotros. 

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viernes, 22 de marzo de 2013

EL NEGOCIO DE LA “SEGURIDAD” VIAL



Mínima inversión, máxima explotación



Desde que llegó a la DGT el ambicioso Pere Navarro este organismo estatal se ha convertido en el negocio más lucrativo del gobierno. Si bien a la llegada de Pere Navarro este país caminaba en la misma dirección de los gobiernos alrededor del mundo de aprovecharse de la <<seguridad>> vial para hacer caja, es innegable que fue con Navarro cuando la DGT pasó de ser la Dirección General de Tráfico a la Dirección Ganancial de Tráfico.

Desde 2004 las cifras de ingresos en la DGT por concepto de infracciones de tráfico se elevaron exponencialmente. Si bien es cierto que ciertas medidas son sin duda importantísimas también es cierto que de la mano de las mismas ha ido el interés por ganar dinero a costa de vendernos una idea de seguridad vial que no se corresponde con la realidad y, sobre todo, que no se corresponde con los datos que manejan las asociaciones de conductores a nivel español y europeo.
   Desde hace varios años estas asociaciones vienen haciendo hincapié en la importancia de tener en cuenta muchos otros factores diferentes a la velocidad que son causantes de accidentes y cuya proporción es, en total, mayor que la de siniestralidad por exceso de velocidad.
   No obstante, la DGT ha hecho oídos sordos a las peticiones de las asociaciones de conductores y desconoce más causas de siniestralidad diferentes al alcohol, las drogas y la velocidad. Respecto a las dos primeras causales estoy totalmente de acuerdo con la DGT pero debo disentir respecto a la tercera puesto que la velocidad si bien puede ser agravante en los accidentes de tráfico no es la única responsable de los mismos. La situación está muy clara y vemos como un caso tan mediático como el de Ortega-Cano nos ejemplifica que el consumo de alcohol al volante es más peligroso que la velocidad y que la combinación de ambas es letal. Pero no se deben desestimar otros factores.

Hoy nos encontramos con la nada alegre noticia que la DGT se ha gastado más de 150.000 euros en un nuevo radar que ha instalado en uno de los más de 20 helicópteros que sobrevuelan constantemente nuestros cielos en busca de infractores de velocidad. Y si bien a simple vista esto puede parecer una medida que beneficie a los conductores no se trata nada más que del mismo afán recaudatorio que desde hace años oprime a la sociedad española y desconociendo, a su vez, las otras e importantes causas de siniestralidad.
   Porque la única medida que la directora de la DGT, María Seguí, ha anunciado esta mañana con bombos y platillos es la entrada en funcionamiento de Pegasus, un radar de fabricación nacional que han tardado más de seis años en perfeccionar y que ahora piensa recuperar esos 150.000 euros en menos de dos meses. La directora no ha dicho nada más, no se habló de finalización de obras, de ampliación y mejora de vías, no se habló de consecuente señalización de los puntos negros por siniestralidad debido a problemas estructurales de las vías, no se habló de campañas para el control del tráfico en zonas de desplazamientos masivos y donde es necesaria la presencia policial. No ha hablado, por ejemplo, de la pésima señalización en las carreteras comarcales, del fatídico estado de las mismas, de las muchas carreteras secundarias que están en obras y que producen, según las cifras que manejan las asociaciones de conductores profesionales, más accidentes que los escasos abusos de velocidad de algunos conductores irresponsables. 

Pegasus va a hacer su "agosto" este abril

 Desde aquí no hablamos, señora directora, que deban obviarse las infracciones de tráfico por velocidad pero sí que le invitamos a que de una vez se quiete la venda de los ojos, deje de seguir las estadísticas económicas y mire las cifras reales de siniestralidad producida por los descuidos del Estado. Porque señalizar bien una carretera o adecuarla correctamente para la circulación no da dinero, todo lo contrario, supone un gasto para el Estado que la clase política prefiere no hacer.

Hay que resaltar que si bien el gobierno ha hecho recortes en casi todos sus ministerios a la DGT apenas se le ha tocado; por el contrario, ahora tienen más recursos para seguir instalando radares por toda España, radares cuyos precios son realmente escandalosos. ¿No hay, pues, una afán claramente recaudatorio? Para mí está muy claro.

Cualquiera que conozca un poco las carreteras españolas, incluso las autopistas de pago podrá darme la razón. Por ejemplo, la DGT afirma que la siniestralidad en carreteras secundarias es mucho mayor y yo les creo pero lo que no dice es que el estado de las carreteras secundarias no es malo sino pésimo. Cualquier que conozca la Nacional 1 -por ejemplo en su tramo entre Burgos y Miranda de Ebro- podrá darme la razón y sabrá que en este recorrido hay tramos realmente peligrosos para la seguridad. Cruces sin señalizar, por no decir que la vía lleva, a decir verdad, no sé cuántos años en obras. Unas obras que no parecen finalizar nunca y que cada vez parecen prolongarse más y sin efectos positivos (de momento). Cualquiera que circule por cualquier carretera nacional en España podrá darme la razón y no necesitamos para ello a los peritos de las asociaciones de automovilistas. 



Pero sobre la DGT recaen todo tipo de sospechas por su poco disimulado afán recaudatorio, afán que ha llegado a ser denunciado por los propios sindicatos de la Guardia Civil y por los abusos que ha cometido al coaccionar a los agentes para que multen de manera indiscriminada. En esta tropelía el Ministerio del Interior también ha estado implicado de manera que nos quedamos atónitos cuando aún hoy siguen negando el negocio de la seguridad vial.
 


Así que ¡basta ya! de medidas recaudatorias por parte de la DGT, ¡basta ya! de nuevos radares caros y sofisticados que solo perpetúan el negocio de la seguridad vial.

LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA Y PÚBLICA




En la antigua Roma la responsabilidad política siempre fue un asunto de lo más serio y la necesidad del apoyo popular era tan indispensable que muchos políticos llegaban a convertirse en demagogos (esa palabra que utilizan tanto los panelistas de programas de televisión y cuyo significado parecen desconocer). Los demamogos no eran otra cosa que esos políticos que en su afán por ganarse el apoyo del pueblo seguían sin miramientos toda clase de locuras, se esmeraban tanto por agradar que llegaban a convertirse en títeres seducidos por el aplauso popular. Y el pueblo romano se caracterizó por pedir excentricidades a sus líderes, hasta el punto de convertir la demagogia en una práctica detestable entre la clase política <<culta e ilustrada>>.
   Hoy ocurre todo lo contrario, los políticos se empeñan en no ser demagogos y en ser lo más impopulares posible. Pero si bien la clase política <<culta e ilustrada>> romana se hacía impopular gracias a su despotismo es cierto que muchas veces las leyes y medidas al final iban en bienestar de la población. Cicerón no fue propiamente el más popular entre el pueblo pero es innegable que sus aportes jurídicos iban en beneficio de la población. Quizás esto nos sirva para comprender que no siempre un sector tiene la razón y que precisamente debe ser la razón la que guíe a los pueblos, desde la esfera política y descendiendo hasta el pueblo. Porque deben ser los líderes los precursores del bienestar de la población, al menos visto con un criterio idealista.
   Si bien el pueblo es soberano también es heterogéneo y no siempre las peticiones populares son las más idóneas; porque así como los ciudadanos luchan por sus intereses la clase política lucha por los suyos... Pero, ¿acaso no deberían ser los intereses de los ciudadanos los mismos que los de sus líderes políticos? Teóricamente, sí. Aunque en España eso no ocurre, como puede comprobarse cada día. Si bien hemos reconocido que no siempre el clamor popular camina en la dirección correcta hoy por hoy es innegable que el clamor popular no sólo está plenamente justificado, además el clamor popular es un pandemia que amenaza con convertirse en crónica.

Esteban González Pons ha decidido denunciar a los miembros de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, una decisión a mi parecer desacertada e indignante. En primer lugar, porque esgrime que se siente acosado en su domicilio particular y, además, dice que teme por sus hijos. 
    ¿Acaso, señor González Pons, los afectados por las hipotecas no han sido los primeros en ser acosados en sus domicilios particulares por aquellos bancos cuyas usuras los llevaron a la ruina? ¿Acaso estas personas no tienen también hijos que han sido desalojados de sus hogares o que sobreviven en una constante alteración de su vida familiar al verse asediados, acosados, vilipendiados de mil maneras por los bancos que les han defraudado? ¿Acaso no es usted político y personaje público y no pasa por usted, al igual que por otros líderes de su partido, el poder para cambiar esa situación que padecen miles de ciudadanos?
   Si bien puedo entender perfectamente lo molesto que puede resultar tener a personas manifestándose frente al domicilio particular, lo que no puedo entender es que alegue usted acoso cuando los que han sido primeramente acosados y ultrajados han sido los que se manifiestan. Abra los ojos, señor González Pons,  escuche a muchos de sus propios votantes porque los abusos de las hipotecas no han visto color político.

Por otro lado, si no desea usted ser acosado, estimado señor Pons, dimita y dedíquese a cualquier otra profesión. Abandone el partido porque está bien claro que no sabe lo que es responsabilidad política. 
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lunes, 4 de marzo de 2013

LA CASA DEL REY ¿DEFENESTRADA?



Una cortina de humo de las élites

El caso Nóos se politiza a pasos agigantados. La familia Real se ve cada vez más acorralada por un escándalo que ya ha llegado hasta el punto de obligar a  Casa Real a emitir un comunicado donde responde a los cuchicheos de los pasillos y que apuntaban a una probable abdicación del S.M. el rey, según refrenda el comunicado el monarca <<no piensa ni ha pensado abdicar>>.
   Queda, pues, descartado que don Juan Carlos abdique. No obstante, esas voces chillonas y extremistas no cejan en sus intentos de desprestigiar a la monarquía. Voces que tienen nombre propia: Pere Navarro. Un peligrosísimo personaje que fue alentado por el último gobierno socialista y cuyas ideas son veneno. Pero esa es otra historia.

Ha sido la implicación del Duque de Palma en la trama Nóos lo que ha ido desvelando las debilidades o las supuestas implicaciones de la Casa Real española en una serie de sucesivos escándalos. Se ha intentado, asimismo, implicar a la infanta doña Cristina, al secretario de las Infantas, a la princesa Corinna zu Sayn Wittgenstein e incluso al propio monarca. Por separado, mientras Carlos García Revenga ha mantenido una actitud intachable -al menos de cara a la opinión pública-, la princesa alemana ha desatado, con sus inoportuno pico de oro- muchos otros interrogantes poco beneficiosos para la casa del Rey.

Siempre he creído que si el duque de Palma o cualquier otro miembro de la Casa Real ha cometido un delito debe ser juzgado conforme a las leyes y debe recibir el mismo trato que cualquier otro ciudadano español –aunque se plantea el debate si los personajes públicos -por la misma calidad que ostentan- no deberían ser castigados con mayor rudeza-. Por consiguiente, ese individuo debería ser relevado de cualquier tipo de cargo o se le debería retirar cualquier título o distinción con la que la que el Rey le haya distinguido.
   Un comportamiento delictivo debe ser un motivo suficiente para la retirada de cualquier distinción nobiliaria – y en cuanto a esto el derecho nobiliario no esgrime ninguna objeción, pues la voluntad del monarca es la que prevalece en este caso-.

También he defendido al duque de Palma en cosas como en su relación familiar con la Casa Real. Aunque le fueran -en un hipotético caso- retirados sus títulos, ese señor sigue siendo el padre de los nietos de los reyes y marido de una infanta. Dejando atrás que sea culpable o no, no creo que nadie en la sociedad española pueda obligar a una familia -cualquiera que esta sea- que le retire el trato a uno de sus miembros.

Teniendo en cuenta las últimas noticias creo que el duque de Palma ya no merece ningún tratamiento nobiliario destacado y su relación con la Familia Real debería limitarse al ámbito privado y nada más, porque sea o no culpable de los hechos que se le imputan las meras sospechas que han caído sobre su persona ya son suficiente motivo para que no destaque dentro de la sociedad española ni la represente de ninguna forma.


El duque em-palmado

La fruslería o broma pueril del Duque de Palma fue una de los primeros grandes errores que empezó a restarle adeptos y que empezó a revelar a la opinión pública una personalidad distinta a la que estábamos acostumbrados a observar en él. No obstante, esta vulgar y ridícula nimiedad revela una complicidad, cierto nivel de confianza con su socio que hace pensar que en aquella sociedad existía una gran amistad aparte de la relación laboral y por ello no puede ser posible que Urdangarín esté tan al margen de todo el affaire Nóos.

Una cosa si parece cierta, y es la cantidad de errores que ha ido cometiendo sucesivamente el duque de Palma y que van desde hablar por un teléfono móvil mientras conducía su vehículo (cometiendo así una infracción de tráfico delante de cientos de cámaras de televisión) hasta sus desplazamientos por toda España haciendo una vida algo sibarita y alejada de la observancia austera a la que debería someterse, aunque sólo sea por salvar las apariencias.
  Empero, al duque lo hemos visto ora esquiando ora disfrutando de una buena cena en un restaurante de lujo. Y es, entonces, cuando nos preguntamos si además de la incompetencia de sus asesores y secretarios no hay también cierta dejadez y pasotismo en el duque de Palma. Desde aquí yo le recomendaría hacer un alto y examinar detenidamente su muy delicada situación. Urdangarín debe hacer un ejercicio de moderación, de temperancia y actuar con extrema prudencia en un momento tan delicado de su vida.

Por otro lado, aunque no me considere un defensor a ultranza de la Monarquía, sí es cierto que la monarquía española no solo merece mi respeto y considero que el reinado de SS.MM no se puede desechar tan fácilmente y olvidar de un plumazo el servicio que han hecho a España. Su función como Grandes embajadores y de excelentes relacionistas públicos ha generado riqueza y una alta estima de la diplomacia española en todo el mundo.
   Me parece deleznable el ataque por de parte algunos sectores que otrora se mostraban serviles y modositos pero que hoy, aprovechándose de los acontecimientos adversos se lancen sobre a la Monarquía como lobos famélicos y pretendan vendernos una leyenda negra de nuestros propios monarcas.
Que don Juan Carlos –como la gran mayoría de los Borbones de hoy y de ayer- se ha lanzado a los brazos de numerosas amigas no es secreto para nadie. Sin embargo, si los deslices de Alfonsito XII o Alfonso XIII no fueron motivo para desprestigio de la monarquía mucho menos lo deben ser los del rey don Juan Carlos que han sido, dentro de lo que cabe, los más discretos y elegantes de toda su estirpe.

Llegados a este punto, con la mano en el corazón y con la sangre fía ¿no convendría a la Monarquía, en un momento tan difícil para la misma, la abdicación del Rey?
   Por un lado podemos sumar argumentos a la posible abdicación del Rey su delicado estado de salud y la necesidad de hacer un cambio en la imagen de la Casa Real. Esta abdicación nunca podría ser entendida como una debilidad del Monarca ni su retiro definitivo de la vida pública si no todo lo contrario como el mayor servicio que se le puede hacer a la Corona en este momento; pero, sin duda alguna, se hace evidente un cierto egoísmo, cierta testarudez en don Juan Carlos que no desea <<apearse del burro>> y dar paso al príncipe Felipe quien, por otro lado, no sólo está en una edad más que suficiente para acceder a la Corona si no que como el mismo monarca a refrendado en varias ocasiones <<Felipe es el Príncipe de Asturias mejor formado que jamás a tenido España>>.
   Pensamos, entonces, en el comienzo de una transición, un relevo lento. Parece que sale a relucir el mismo temperamento del finado conde de Barcelona, quien porfío en aquello de no ceder a su hijo el derecho a reinar.
   La historia se repite. Siempre ocurre lo mismo.

Parece también que los enemigos de la monarquía, que los sempiternos anarquistas y republicanos de ultranza -al más puro estilo de Pere Navarro- no cejarán en sus absurdos intentos de convertir a España en esa República churrasquera que siguen soñando, una República de pandereta que no tiene ya cabida en nuestro camino evolutivo y que sólo siguen añorando los radicales ilusos que se niegan a enfrentarse a la nueva realidad de la sociedad española, de la misma forma que los carruajes oxidados que pretenden convertir de nuevo a España en una dictadura al estilo franquista. Ninguna de estas opciones parece que podrá convencernos, excepto por la fuerza. ¡No a una República, no a una dictadura!

Volviendo al caso Nóos no veo nada ecuánime que un juez inste a un testigo a que implique a un tercero en una investigación como unas palabras como <<dígame algo para poder implicarla>>, pues dicho así parece que el juez deseara la implicación de la infanta y a mí esa actitud me sugiere una predisposición contra la Casa Real muy nociva para la búsqueda de justicia.
   Esa expresión, más acorde a la que pudiera expresar un inquisidor de estos que tuvimos en España que sacaban las confesiones a punta de amenazas. O uno de esos policía que aparecen en las películas americanas y que interroga a con amedrentaciones a los implicados.
   Todo esto me resulta peligroso, muy sospechoso. Si frente a lo que estamos no es más que otra conspiración más de las élites bancarias y empresariales -algunas de ellas manifiestamente antimonárquicas- entonces la sociedad española está frente a una de las traiciones más grandes de su historia y una de las maquinaciones más viles.
   Esta posibilidad nos estremece: si el caso Nòos es solo una cortina de humo (lo cual no es descabellado) para desviar la atención de la opinión pública y así dejar el camino libre a los enemigos de España, las élites bancarias, los independentistas (tras los que están algunas veces las mismas entidades financieras) y en general todos aquellos cuyos intereses se basan en el desequilibrio político y social de España podrían aprovecharse de la división de España de manera desastrosa.
   Si esta hipótesis es cierta, la epidemia de la corrupción no es un síntoma preocupante si no una enfermedad terminal y frente a ella lo único que podemos hacer es amputar esos miembros engangrenados antes de que esta nación se suma en más ultrajante derrota. 


viernes, 1 de marzo de 2013

LAS MARRANADAS DE BÁRCENAS



Encima de ladrón, bufón

El caso Bárcenas no da espacio a ningún otro tema en este país. Quizás lo único positivo que puede salir de su despreciable personalidad es que gracias a sus chantajes e ignominias ha logrado que una mayoría de los militantes de casi todos los partidos políticos españoles, incluyendo al propio Partido Popular, converjan en una misma opinión. Luis Bárcenas es un chantajista y el Partido Popular no puede ceder a sus chantajes, se deben tomar medidas legales en su contra y se debe intentar aislar al partido de su deleznable influencia.
   Pese a que en la calle la mayor parte de los españoles pensamos eso, en la cúpula del Partido Popular persiste una dejadez, cierta modorra levantina que les impide tomar al toro por los cuernos. Sea cual fuere la razón de su ineptitud, los ánimos están cada vez más caldeados e incluso los más fieros defensores del PP en programas de televisión que se han caracterizado siempre por su defensa a ultranza y por su tendencia a la derecha ahora parecen estar de acuerdo -hasta con sus más antagónicos detractores- en que Bárcenas es una lacra, una vergüenza para España, un descalabro para los populares.

¿Cómo se explica que un señor que ya ha estado imputado en uno de los mayores escándalos de corrupción de este país y al que se le han descubierto cuentas en Suiza con más de 22 millones de euros sigue paseándose por Madrid tan campante? ¿Qué tipo de leyes tenemos en España que tal desfachatez se permite? Cuando algún parroquiano no paga una multa de treinta euros se pone en marcha toda la maquinaria del Estado, desde la DGT hasta hacienda y, en menos de una semana, acaban embargándole la cuenta bancaria; no obstante, a un señor cuya imputación en un delito de corrupción lo ha catapultado al estrellado mediático, sigue en uso de sus cuentas corrientes en España y además controlando un gran patrimonio entre sociedades y propiedades varias?
   Cierto es que gran parte del capital de Bárcenas está fuera de España, pese a ello no se ha hecho nada contra el pequeño (en comparación) patrimonio que aún posee en España.

Luis Bárcenas tiene empresas en Bermudas, además -mucho antes que la caldera de Gürtel estallará- creó varias sociedades en diversos paraísos fiscales para guardar allí su botín. Retrasó, durante nueve meses -mediante todo tipo de recursos-, el envío a España de la información solicitada por los jueces sobre sus cuentas en Suiza. Creó un entramado societario dirigido por testaferros y toda una organización que le permitiera estar a salvo de la justicia.

Las explicaciones patateras y patéticas de María Dolores de Cospedal respecto a la finalización de la relación laboral de Luis Bárcenas siguen embadurnando de desconfianza al Partido Popular (A pesar de que las rectificaciones no dejan de hacerse, y cada vez con mayor confusión).
   El argumento de la indemnización con disimulación no hay cómo comérselo, de la misma manera como no se puede entender que el Partido Popular siga con paños de agua tibia respecto a Luis Bárcenas y haya estado protegiendo -o al menos camuflando la verdadera posición de este chantajista profesional-.

Cuando se admite que hay una simulación es evidente que se ha evitado la ley, por no decir que se ha infringido flagrantemente. Al menos en eso el Partido Popular tiene toda la responsabilidad. La <<metida de patas>> de la señora De Cospedal (quien nunca ha valido ni para ser secretaria de José Mota) ha arrojado más oscuridad sobre la relación laboral del tesorero y sobre la terminación de la misma y nos ha lanzado a todos a conjeturar, de manera inmediata, sobre lo qué realmente pasó en Génova.

La incapacidad para dar una respuesta política del Partido Popular está minando sus cimientos y la responsabilidad en este campo recae absolutamente sobre la cúpula de dicho partido; empezando, como no podría ser de otra manera, por el presidente del gobierno. Mariano Rajoy parece vivir en un mundo distinto al resto de los españoles, un mundo de yupi donde no hay Bárcenas, ni cloacas ni monstruos, donde florecen los almendros y las calles se perfuman de jazmín y bailamos todos la danza de la alegría.
   No, no señores, esto no se puede consentir ¿tenemos presidente del Gobierno o no? Si Zapatero se convirtió en un mentiroso compulsivo con su <<aquí no pasa nada>>, Rajoy juega al <<mudito>>.  Basta ya hacerse el de la vista gorda con los problemas reales del país y esconderse tras ministros y diputados a fin de no responder con claridad y firmeza. Aunque de firmeza el señor Rajoy sabe poco y más valor se le ve a la siempre dialéctica y eficiente Soraya Saenz de Santamaría.
   De esa falta de liderazgo, de esas constantes deslealtades de los partidos tradicionales es de lo que estamos hartos en España.

Corresponde, pues, a todos los ciudadanos exigir una respuesta clara y contundente. Corresponde, asimismo, y de manera urgente, que los militantes del Partido Popular exijan a sus dirigentes que rescate, de una vez por todas, la imagen del partido. Porque ahora mismo el peso de la duda, de la sospecha, recae sobre el nombre de los populares y corresponde a todos esos populares honestos poner fin a esta situación y salvar su honor. No se puede seguir alcahueteando a Bárcenas, no se le puede seguir el juego.

Respecto a la promesa de la Auditoría del Partido Popular, María Dolores de Cospedal (sabia y doctora en gazapos, por aclamación) ha dicho que <<no hay auditorias que quieran auditar partidos políticos>>. La verdad es que meterse en el berenjenal de auditar al Partido Popular en estas circunstancias es como intentar meter una rata blanca dentro de una jaula de linces que llevan semanas sin comer.

Este lunes, y después de más de dos años (desde su imputación en Gürtel en 2009), a Luis Bárcenas por fin se le ha retirado el pasaporte, se le prohíbe salir de España y tendrá que presentarse cada quince día ante el juez. Lamentablemente estas novedades nos saben a poco pues Bárcenas ha tenido muchos años para planear muy bien sus estrategias de defensa, para poder crear un gran entramado societario y una composición artificial para justificar sus ingresos. Experto en mentir, en ocultar información y en chantajear, el extesorero del PP se afila bien los dientes y sigue en posesión de documentos que podrían implicar a altos funcionarios del gobierno y de la cúpula del Partido Popular.
   Todo esto deja fuera de juego al principal actor en esta opereta bufa: la base del partido. Peleles y marionetas, los militantes están embelesados con el caos del Olimpo de Génova y no saben cómo reaccionar.
   Nos preocupa mucho que durante estos años de impunidad Luis Bárcenas haya podido destruir documentos de gran importancia y hacer una serie de gestiones para borrar toda su implicación en Gürtel y los sobres con dinerillo.

Tras de ladrón, bufón

Poco antes de publicar este artículo he tenido conocimiento -mediante la agencia EFE- que Luis Bárcenas, aparte de ya haber denunciado al PP por supuesto despido improcedente, ahora les denuncia por apropiarse –indebidamente- de dos ordenadores del despacho que el susodicho tenía en su despacho de Génova.  Tiene gracia, el pájaro disparando a las escopetas. ¡Vaya besugo!

martes, 26 de febrero de 2013

EL MENÚ ESPAÑOL: CHORIZOS DEL PAÍS CON HABAS




La corrupción es un plato muy repetitivo sin partido fijo

La corrupción en España se supera cada día a sí misma. Se descubren nuevos escándalos de corrupción tanto del Partido Popular como del PSOE y de otras formaciones políticas. Todo nos lleva inmediatamente a una conclusión más que obvia: la corrupción no entiende de colores políticos ni de ideologías y las Leyes anticorrupción son francamente inútiles, fáciles de ningunear bien sea por comunistas, derechistas, centristas y cualquier otro tipo defraudador o corrupto neófito. No hay límite en la corrupción y no se salva ni el perro.
   Desde los grandes chorizos de Marbella encabezados por Jesús Gil, Juan Antonio Roca, Julián Muñoz y el resto del zoo, corte y fauna que les encubría; hasta las advenedizas como Isabel Pantoja (a quien parece que no se le ha podido probar nada y que ha continuado tan tranquila su vida artística), bufona e imagen, desde hace años, de la corrupción política; hasta los nuevos triunfitos de la corrupción como la del doctor Eufemiano Fuentes y la joven revelación, el lacayo vestido de cordero Luis Bárcenas; quien quizás es el chimpancé más gordo de la manada.  
   Los chorizos de Marbella han sido el Gran Hermano Uno de la corrupción, la primera gran camada con la que este país se ha desternillado. Sonrisas y lágrimas. Protestas y reivindicaciones, pero muy pocas actuaciones efectivas.

La mayor parte de estos chorizos, sin embargo, siguen viviendo a sus anchas, disfrutando de las rentas de sus corruptelas. Como si el dinero que se han llevado en bolsas de basura, en comisiones, etcétera, no fuera suficiente, algunos de estos chorizos-stars o estrellas del choriceo han salido, además, en televisión para contar sus fechorías, cobrando por ello sumas escandalosas.
   Y esta última responsabilidad ya no compete a jueces o fiscales, sino que corresponde a todos los españoles que hemos permitido que gentuza de esta calaña pueda presumir desvergonzadamente sus delitos y cobrar por ello. Además, todo hay que decirlo, tras la Pantoja y otros delincuentes hay un famélico público ávido de pantomima televisiva, de reality; tras los monos corruptos hay una serie de admiradores antropófagos, sedientos de chismorreo, de morbo televisivo que parecen no comprender la gravedad del asunto y que están arrastrando a toda la sociedad española no solo al consentimiento de la corrupción sino también a la entronización de los antivalores. A este paso esta sociedad va a conceder galardones a los corruptos y va a defenestrar a los honestos.
   Se hace, pues, de urgente necesidad la intervención de la racionalidad, una racionalidad valiente y efectiva que ponga a títeres, bufones y chorizos en el sitio que les corresponde. Corresponde a los ciudadanos retomar el control del Estado y juzgar severamente a políticos, empresarios y a otros ciudadanos que han contribuido o participado del desmoronamiento de esta sociedad. Se hace imperativo un nuevo y lúcido liderazgo ejercido con certeza, rectitud e inteligencia. Ingrediente este último que escasea como los tréboles de cuatro hojas.

Emarsa y la horchata de las milongas

Explotan cada vez más casos de corrupción en Valencia. Empiezan a saberse más datos sobre el caso Emarsa y la rapiña que sufrió esta entidad pública. Hoy sabemos datos tan aborrecibles como que los directivos de la entidad gastaron 18.000 euros en bolígrafos de oro, más de cuatro millones de euros gastados en informática para treinta ordenadores y una docena más de ignominias.
   Motivos suficientes para que el pueblo valenciano se deje de medias tintas y presione a la judicatura y a sus líderes políticos para hacer una importante depuración en todos los partidos y administraciones. Asimismo, es absolutamente necesario recuperar el dinero de los sucesivos saqueos hechos, como por ejemplo por el ex alcalde de Manises, Enrique Crespo. Y vaya <<crepo>> tiene este personaje, ¡vaya cara!
   No nos sirve de mucho su dimisión, o sus falsos cumplidos y mensajes donde declara que abandona el cargo por proteger los intereses de su partido. Es apremiante que devuelva hasta el último céntimo de su rapiña, es imprescindible que se le confisquen sus bienes. Mas si resulta culpable de los delitos que se le imputan tiene que ser inhabilitado de manera vitalicia para ejercer cualquier cargo público.

La nueva Leyenda Negra española

Junto a los especímenes corruptos aparecen cada vez más unos organismos muy adaptados a todo tipo de hábitats. Hablo de los carroñeros, engendros deformados por la codicia y el resentimiento social. Estos engendros son los lacayos chantajistas; es decir, los subalternos de los grandes corruptos que durante años han estado haciendo de celestinas para sus amos, guardando celosamente todos sus secretos; siendo cómplices o incluso ejecutores de las rapiñas de sus señores.
   Esos cientos de <<Antonios Pérez>>, sinvergüenzas y gusanos, serviles y alcahuetes fueron obedientes durante su servidumbre a los grandes corruptos, pero cuando el chollo parece llegar a su fin afloran el aguijón, sale a borbotones todo su veneno y empiezan los chantajes, porque de antemano los lacayos han guardado sigilosamente las pruebas tanto de sus delitos como de las implicaciones de sus señores en los mismos.

Hoy, de manera descarada y petulante, los lacayos no temen lanzar todo tipo de chantajes a través de los medios de comunicación a sus antiguos amos. Con arrogancia y desfachatez ningunean a jueces, fiscales, abogados, hacen peinetas, insultan y presumen de una impudicia más propia de yonquis.

La palma de oro se la lleva, como no puede ser de otra manera, Luis Bárcenas seguido muy de cerca en su cinismo por el deleznable Eufemiano Fuentes del caso Puerto. Fuentes ha llegado a la desfachatez de chantajear directamente al juez, al presidente de la Federación Española de Atletismo, José María Odriozola y otros más en los medios de comunicación: y sin pelos en la lengua.  Y Bárcenas, como todos sabéis, nos hace peinetas a toda la sociedad española, desde al presidente del gobierno, pasando por jueces y periodistas, hasta el último mono. Esa peineta nos la ha hecho a todos. ¿Es que nadie le va a enseñar modales a este canalla?
   Y nada pasa. Un chantajista actúa tan campante al estilo Bárcenas y en este país no se hace nada. Ya no somos sólo los protagonistas de la Leyenda Negra ahora somos el hazmerreír de Europa. 
   No hay forma de parar la impudicia de estos malhechores; todo lo contrario, parece que encuentran sombra bajo las largas ramas de la ley que, sin embargo, son tan inflexibles en otros casos.

¡Qué triste es estar en España y, desde la tribuna, ver cómo avanza este cáncer que se come nuestra nación y más triste es aún estar fuera de ella y ver, desde la tribuna también, el caos en el que se sume todo un país!






viernes, 22 de febrero de 2013

EL ESCÁNDALO DEL ESPIONAJE





La sociedad de los valores invertidos



¡Escándalo! ¡Escándalo! Los medios de comunicación echan humo y los políticos se echan las manos a la cabeza por el supuesto escándalo del espionaje ilegal a sus camaradas de ralea.
   Desde luego, ni los medios de comunicación ni los implicados han hecho hincapié en ese pequeño detalle que parece pasar desapercibido, ese detalle tan elemental que deja al descubierto una trama de corrupción de la familia Pujol.
   Lo que tiene a todo el mundillo del circo político histérico, con los pelos de punta y <<acojonados>> no es la violación de la intimidad sino la probabilidad de ser descubiertos en sus fechorías y por tanto que sus corrupciones puedan hacerse públicas.
   Si las primeras revelaciones de la agencia Método 3 han causado esa supuesta <<alarma social>> (aunque a mí no me ha alarmado, en absoluto; excepto quizás porque me parece absurdo que se persiga a la presa y no al cazador. Tampoco creo que los ciudadanos de a pie estén demasiado preocupados porque se espíe la labor de los funcionarios públicos, de la clase política y de todo lo que tenga que ver con éstos); las posteriores investigaciones han llevado a la clase política a tomar acciones inmediatas para protegerse. La clase política teme un efecto <<bola de nieve>> pues si muchas otras agencias como Método 3 (las hay por toda España), revelaran los espionajes que se han realizado a muchos funcionarios públicos no se escaparía ni el gato.
   Pero no solo la clase política está manchada con la corrupción, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado les hacen competencia conjuntamente con jueces y miembros de la judicatura. Eso no lo digo yo, sino que lo han revelado las mismas fuentes que denuncian el espionaje en La Camarga, pues en su pánico no se han dado cuenta que se acusan a sí mismo al manifestar que si todas las conversaciones de los muchos políticos que eran habituales en aquel restaurante fueran desvelados se crearía perjudicaría la imagen de muchos funcionarios públicos donde se incluyen ministros, senadores, miembros de la policía. Es decir, todo un menú corrupto de pantagruélica bufonería. Sin olvidar, por supuesto, al sector privado, el gran corruptor de la clase política española.

Para Alfonso Alonso, portavoz Parlamentario del PP, el caso de los espionajes en Cataluña es algo inadmisible, pero parece que sí es más admisible la manifiesta corrupción de algunos miembros de su partido. Pero no solo Alfonso Alonso ha salido a defender la intimidad de los políticos a él se han unido muchas otras voces que no han cesado de pedir justicia y esta misma semana han sido detenidos los implicados en este escándalo de la agencia Método 3, pero curiosamente no se ha abierto ninguna investigación en relación a las supuestas bolsas llenas de dinero que la familia Pujol llevaba por todo Barcelona. La clase política une fuerzas y escuchamos a sus próceres muy preocupados. Los peces gordos han salido a defender su derecho a la intimidad, pero nadie ha salido a defender el deber de los funcionarios públicos a la transparencia y a la honradez.
    Es decir, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado espían cada día a todo parroquiano por diferentes razones. La persecución de la piratería en Internet se hace a veces con señuelos para desmantelar redes dedicadas a este delito. Pero parece que no existe un organismo dedicado a la perseguir la corrupción política que ha desangrado a este país.
   No, los recursos los dedicamos a perseguir negritos que venden CD de tres al cuarto en los parques y paseos de España. En general, a los ciudadanos de a pie nos pueden espiar de mil maneras, amparados en diversas leyes y se pueden cometer todo tipo de abusos: desde bloquear nuestras cuentas bancarias y retenernos cualquier cantidad hasta embargar nuestra nómina por sumas ridículas.
   Por míseros 30 euros de una multa de aparcamiento un ciudadano cualquiera ya puede atenerse a las consecuencias, pues para cobrárselos Hacienda viola fragantemente la Ley de Protección de Datos. No obstante, los ciudadanos debemos soportar sí o sí. La Ley ha sido diseñada para castigar duramente las pequeñas infracciones y para garantizar la inmunidad de los grandes defraudadores.
   Por cualquier nimiedad a un ciudadano normal se le impone una multa exagerada: 400 euros por hacer pis en un rincón de la vía pública, cuando ni siquiera existen suficientes baños públicos. 200 euros por aparcar en doble fila cuando los Ayuntamientos se han empeñado en hacer dada vez más calles peatonales y en lugar de crear aparcamientos, entre 2005 y 2012 en España han ido despareciendo más del 25 por ciento de las plazas de aparcamiento públicas.
   Las grandes empresas son cada vez más fuertes e inmunes a las denuncias, por ejemplo, de los consumidores. Las organizaciones de consumidores en España no juegan ningún papel en la reglamentación contra los abusos de las empresas. Los consumidores estamos en un estado de orfandad total.
   Una empresa como telefónica puede cometer cientos de abusos contra los consumidores y no recibirá ninguna multa por ello, por el contrario un usuario que, por ejemplo, deje de pagar míseros diez euros a Telefónica será registrado en una de las muchas listas de morosos y se violarán reiteradamente una serie de derechos. Si alguna empresa comete un error en la facturación de un cliente el cliente está siempre obligado por ley a pagar aunque la empresa reconozca su error y después podrá denunciarle. Pero con las nuevas tasas judiciales las empresas quedan protegidas contra cualquier denuncia porque en cualquier caso el cliente siempre pagará más por denunciarles que por pagarles lo que no ha consumido. Así estamos a merced de los abusos de las multinacionales y las grandes empresas cuyos intereses se ven cada vez más protegidos por las leyes.

Un ciudadano común es acusado de, por ejemplo, aparcar mal, y la administración no se preocupa por saber si esto es cierto o falso, la multa está puesta y hay que pagarla, por tanto el ciudadano que se niegue a hacerlo sufrirá una persecución a todo gas por parte de la administración y ésta, que está en poder de todos los datos del contribuyente hará cualquier cosa para cobrarse los treinta eurillos de la multa.

Cuando se trata de juzgar a los políticos, cuando es su ralea la que se ve afectada, el discurso cambia. A estas alturas las cuentas de los Pujol no están bloqueadas. Seguirán cobrando las pensiones estatales y continuaran su tren de vida sin que el Estado emprenda acciones para saber si sus ingresos han sido legales.
   A estas alturas cualquier político corrupto está más protegido que un ciudadano común a pesar de que los delitos de ambos sean muy diferentes. La comparación, y sobre todo el trato, es muy diferente. En el País de las Maravillas, es una maravilla delinquir; sobre todo si los delitos se cometen en el ámbito estatal.

Un político corrupto cuyo delito ha sido declarado públicamente por testigos, como en el caso que nos concierne hoy, cuyo flagrante delito debería ser investigado inmediatamente, está a salvo de la ley y sus cuentas no van a ser ni bloqueadas y en muchos casos ni siquiera es llamado a declarar.
   ¡Este es el verdadero escándalo!
   ¡Ésta es la verdadera noticia!
La sociedad actual –manipulada por la clase política- ha invertido los valores y protege más el derecho a la intimidad y el buen nombre del delincuente que el derecho intrínseco a castigar los actos delictivos.
   Es esta inversión surrealista de la conciencia jurídica lo que nos ha llevado a estar a merced de la clase política que ha logrado amoldar la Ley en su propio beneficio y protección.
   Lo más triste de todo ello es que la sociedad actual permanece impávida ante hechos tan contundentes como éste.
   Sigamos así, sigamos escandalizándonos por hechos como este, mientras los verdaderos delitos permanecen impunes.
   Sigamos protegiendo los derechos de terroristas, corruptos, estafadores, asesinos, delincuentes y todo tipo de grandes infractores de la ley y sigamos siendo contundentes con las pequeñas infracciones.

¿Acaso hemos retornado a la época de la superstición?
Los funcionarios públicos no son dioses, no son sagrados ni mucho menos poseen inmunidad de ningún tipo, los funcionarios públicos y toda la clase política está a nuestro servicio. Ostenten o no un cargo público están sujetos a la voluntad y al deseo, primero de la Ley y, segundo, del pueblo como supremo e innato legislador.
   Si bien hoy la mayor parte de las leyes han sido diseñadas para proteger corruptos, es menester que el pueblo recupere para sí el derecho, el derecho que por naturaleza le pertenece. Bajemos del pedestal a la clase política y castiguemos severamente la traición de los funcionarios públicos. Los cuales ante una mera sospecha de corrupción deberían ser apartados inmediatamente de sus funciones públicas y si su delito es comprobado deben ser inhabilitados de manera vitalicia.
   La primera condición para ser funcionario público debería ser una conducta ciudadana intachable y sus actos deberían estar sujetos a una vigilancia constante. Si éstas personas han decidido dedicarse a la vida pública deben renunciar a ciertos derechos que poseemos los ciudadanos anónimos y en su calidad de personajes públicos deben hacer siempre un ejercicio de transparencia absoluta.

En mi opinión, considero el espionaje a la clase política no una vulneración de sus derechos sino todo lo contrario un deber de los ciudadanos, el precio que todo personaje público debe pagar.